Hemeroteca :: 01/01/2005
8/11
Pesca de Mar

La cacea del róbalo en invierno

Última actualización 01/01/2005@00:00:00 GMT+1
La lubina cobra protagonismo en enero al ser una de las pocas especies marinas que entran francas a los señuelos. Es ahora la ocasión para perseguirla con un curricán ligero, modesto si se quiere, que no es el de la embarcación lujosa ni el del equipo postinero. Un curricán que puede depararnos la sorpresa de la gran corvina en el estío, pero nunca la de un marlin saltando. Es por eso una pesca practicable a unos cientos de metros de la línea costera, a veces aún más cerca, o a una o dos millas -lo más- de ella. Una cacea que emplea pequeños peces artificiales que tienen su acción en los 5 o 6 primeros metros de agua.Y a esta cacea le entran también, esporádicos, la anjova, la corvina, la baila, la jurela real...
Una de las exteriores se largará a una distancia de 80-100 metros; la de popa, más corta, a unos 60-70 metros de la embarcación. Así la línea central, más corta y equipada siempre con una muestra de tipo ahogado, no corre el riesgo de liarse con las otras dos.

La línea largada se justifica en el poner los señuelos distantes de los ruidos que emite el fueraborda y no dar motivo al recelo de la lubina. Para controlar la longitud largada basta con marcar los hilos a la distancia deseada, previamente medidos, con dos marcas de esparadrapo. Para reducir el riesgo de líos, además de respetar lo antedicho y equipar la central con un señuelo hundido (sinking), conviene seguir cierto orden a la hora de largar las líneas. De forma resumida: calar primero una de las cañas exteriores, girar el barco en ángulo recto sobre ese mismo costado y comenzar a echar la otra caña exterior (con esta operación abrimos los señuelos y evitamos que se junten). Por último, una vez caladas las dos de fuera, se larga la de la popa.

Como norma, en la cacea del róbalo es preciso mantener una velocidad de curricán lenta, de unos tres nudos, poco más del ralentí de nuestro fueraborda; navegar que debe acelerarse en jornadas en las que las aguas estén excesivamente claras y el engaño de nuestros señuelos se muestre demasiado evidente bajo la superficie.

El patrón ha de recordar siempre que navega y pesca con una importante cantidad de línea largada por la popa y que semejante longitud de sedal no se comporta de idéntica manera, pongamos por caso, en un día de brisa suave que con un viento moderado del noroeste. De este modo, no siempre sucede que la embarcación pasa por el sitio deseado y los señuelos también. En ciertas ocasiones, el margen de error viene dado por la fuerte acción del viento lateral, que aparta a nuestras muestras de la zona que se pretende; en otras, nuestra precipitación a la hora de enfilar el punto de referencia -rumbo de pesca- no da tiempo a que los curricanes se enderecen y pasen por el punto deseado.

De la habilidad del patrón dependerá que los señuelos naveguen sobre el punto elegido o que se alejen de él, aunque sólo sea una decena de metros, distancia suficiente para pasar del éxito a la decepción, de las varias picadas al silencio absoluto de las chicharras de los carretes. Así, si la lubina se muestra remisa, es hora de intentar provocar su picada a base de pequeños acelerones, paradas o ligerísimos cambios de rumbo en el momento en que nuestros señuelos pasan por los puntos calientes. Para días desesperados y momentos de inactividad detened el barco
¿Te ha parecido interesante esta noticia?   Si (0)   No(1)
8/11

Noticias Relacionadas

Comparte esta noticia  

Comenta esta noticia



Normas de uso
  • Esta es la opinión de los internautas, no de TrofeoPesca.com, web oficial de Trofeo Pesca, todo el mundo de la pesca a tu alcance
  • No está permitido verter comentarios contrarios a la ley o injuriantes.
  • Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios que consideremos fuera de tema.
  • Su dirección de e-mail no será publicada ni usada con fines publicitarios.