Hemeroteca :: 01/10/2004
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Mi rincón favorito

Un valor seguro en León

Última actualización 01/10/2004@00:00:00 GMT+1
Muy cerca de León, y a pocos kilómetros de localidades de referencia como la Vecilla o La Robla, se encuentra uno de los libres sin muerte más regulares en trucha como es el del Torío.

Año tras año demuestra que, pese a que las circunstancias no sean las mejores, sus aguas siguen dando truchas.
El Torío es un río de montaña. Puro y recio. Nace en las cumbres de Piedrafita al norte de León, en medio de sus dos hermanos, el Bernesga y Curueño, y junto a ellos da vida a la comarca conocida como los Argüellos. En su curso alto, antes de abrirse paso entre moles de roca caliza formando las Hoces de Vegacervera, está el coto de Felmín. Posteriormente sigue su curso, sin domesticar por embalse alguno, atravesando prados y laderas de roble hasta llegar a su desembocadura en el Bernesga, a las afueras de León capital. Salvo en sus últimos kilómetros, donde su presencia es testimonial, la trucha puebla sus aguas. En pleno corazón de este valle truchero se encuentran los pueblos de Pedrún y Pardavé, donde podemos disfrutar de uno de los tramos de pesca sin muerte señeros en la provincia.

En esta parte, el río se corresponde a un tramo de media montaña y como tal está dotado de rabiones, raseras y corrientes más o menos rápidas, separadas por pozas y tablas de aguas menos batidas. El fondo está compuesto a base de cantos rodados y grandes piedras, y en bastantes zonas atraviesa por materiales de conglomerados que se han erosionando formando pocetas y cavidades donde se refugian las truchas. Apenas hay vegetación acuática, aunque a principio de temporada las piedras pueden estar tapizadas por un alga un tanto resbaladiza y que tiende a desaparecer con la llegada del buen tiempo. Entre ambas orillas hay amplitud suficiente para que nos desenvolvamos con soltura en gran parte del tramo, incluso para pescar acompañado por la orilla de enfrente.

La anchura media oscila entre los 9 y los 12 metros. En cuanto el caudal se estabiliza con el fin de los deshielos, se puede vadear por casi cualquier punto, a excepción de las pozas y una tabla profunda en el centro del tramo. Ojo, durante el mes de abril podemos tener dificultades para cruzar el río en las zonas más rápidas.

La vegetación de ribera es abundante. En primera línea salgueras que cubren las orillas en el 90% del tramo, y entre ellas ocasionalmente arces o abedules. En alguna zona también los robles bajan desde la ladera hasta el borde mismo del agua. Por detrás de las salgueras hay algunos chopos y abundancia de diversos matorrales de ribera, que por la zona se conocen como “las sebes”. Zarzamoras, rosales silvestres y majuelos entre otros, que forman los lindes de las parcelas donde pastan las vacas, o las fincas particulares y pondrán a prueba nuestros vadeadores.

Hay que advertir también del cuidado necesario con algunos alambre-espinos que pueden estar bajos y poco visibles; el que suscribe ya ha roto dos vadeadores. De todos modos hay abiertas sendas que facilitan el camino, sobre todo por la parte derecha del río, aunque también hay un camino que bordea toda esta enmarañada ribera a poca distancia del río.

Para llegar hasta allí tenemos que tomar la LE-311 desde León, dirección Matallana. El comienzo del tramo está a unos 35 km en Pedrún de Torío. También podemos ir en el tren de la FEVE, que realiza un bonito y pintoresco recorrido paralelo al río hasta Matallana, con paradas en todos los pueblos de la comarca.

Podemos dejar el coche en Pedrún. Atravesando el pueblo llegaremos hasta el puente sobre el río y, sin cruzarlo, a mano derecha, hay un buen sitio para aparcar. Desde aquí podemos pescar toda la parte baja del tramo. Otra opción es dejar el coche en Pardavé, entrando en el pueblo y hasta cruzarnos con el puente viejo; iremos a parar de frente a la plaza de la iglesia con su fuente de agua potable. Ahí mismo podemos aparcar.

Si queremos un lugar más discreto para enfundarnos el vadeador, podemos meternos por la calle que sale a la derecha, que al abandonar las últimas casas se convierte en un camino de tierra que sigue paralelo al río un buen trozo. Es estrecho para dos vehículos, pero se puede meter el coche y dejarlo en algún apartadero, eso sí, cuidando de no bloquear el paso de algún tractor u otro vehículo. Una vez ubicados sólo nos resta decidir qué parte del tramo queremos pescar.

Pozas y corrientes hasta Pardavé
Comienza el tramo desde su límite inferior en el puente de Matueca. Aquí el río discurre pegado a la ladera de una pequeña loma que ha erosionado hasta formar un fenomenal cortado de unos 25 metros de altura en la parte derecha (mirando aguas arriba). Desde la cima se asoman al río algunas casas del pueblo. Un poco más arriba, la orilla izquierda es una barra de cantos rodados que el río ha depositado y está bastante despejada de vegetación. La profundidad va aumentando gradualmente desde esta orilla hasta las paredes arcillosas. Unos metros por encima, el río hace una pequeña curva y se ensancha en varias corrientes a la salida de una pequeña represa que saca agua por una canal. Esta zona es de las más cómodas de pescar, apenas hay obstáculos que nos dificulten el lance y la profundidad y velocidad de la corriente permiten un vadeo sencillo.

Por encima tenemos una larga tabla de aguas lentas y a partir de este momento ambas orillas están pobladas de salgueras y sebes. De todos modos el río está recorrido por sendas que facilitan el desplazamiento, aunque ocasionalmente tendremos que salvar alguna alambrada o pastor eléctrico. La profundidad de esta tabla a principios de temporada no suele permitir vadearla más que una pequeña parte. A medida que subimos, el efecto de embalse de la represa desaparece y el agua empieza a ganar velocidad paulatinamente. Llegaremos a una zona con algo de desnivel y bastante rápida, prácticamente impescable a comienzos de temporada, hasta que el río pierda brío. A continuación, el Torío describe una curva a derechas y encontramos una gran poza donde hay instalado un molino que aún se emplea para cortar madera: la “poza de la serrería”. Podemos pararnos a observar; con un poco de suerte veremos algunas truchas puestas en la cola del pozo mientras escuchamos el golpeo hueco de la piedra del molino, que bien merece la inversión de unos minutos extra, porque grandes peces la habitan. En la entrada de corriente a la poza también suele haber buenas pintonas.

A partir de aquí, hallamos una sucesión de pequeñas tablas de aguas movidas, alternadas con algún chorro más fuerte, pero también un par de pequeñas pozas. Dependiendo de lo avanzado de la temporada la fuerza de la corriente permitirá un vadeo más o menos cómodo. Alcanzaremos así hasta una puerto de piedra desde donde se deriva una parte del caudal por un canal que llega hasta el aserradero por la parte izquierda. Llegados a este punto hemos recorrido ya el primer tercio del tramo.

El muro del puerto tiene bastante altura, más de 2 metros si el río no está muy alto. No estaría de más acondicionar una escala para peces, aunque por el canal accidentalmente se meten algunas truchas y pueden salvar el obstáculo. Por encima del puerto se forma una gran tabla de aguas lentas y bastante profunda; además en esta parte el río va parcialmente encajonado entre paredes verticales de conglomerados. Esto la convierte en un gran refugio para las truchas, siendo prácticamente inaccesible para el pescador, salvo por sus extremos cuando el caudal está bajo. Por arriba, a la derecha, hay un camino transitable que nos permitirá avanzar cómodamente hasta la siguiente entrada al río.

Cuando el día es claro, si nos asomamos entre las ramas de los robles es fácil observar a las truchas desde arriba. Algunas veces están inmóviles a medias aguas o pegadas al fondo como piedras. Otras veces patrullan las orillas con recorridos circulares, a la caza de algún desvalido insecto caído de las ramas de los árboles; una escena excitante para el pescador y digna de ver para cualquier excursionista curioso. De vuelta ya en el río, seguiremos pescando en corrientes moderadas hasta llegar a las inmediaciones del pueblo de Pardavé. A la entrada del mismo hay una poza junto al colector de aguas residuales del pueblo, único punto un tanto desagradable del tramo pero de efectos imperceptibles a pocos metros. A la salida del colector las truchas se concentran para degustar y el bicherío que allí medra, dípteros principalmente.

El tramo urbano
Por encima de esta poza entramos en lo que sería el tramo urbano. Esta parte del río para nada desmerece nuestra atención, en contra de lo que inicialmente pudiéramos pensar. A la derecha el río va pegado a un pequeño cortado, sobre el que se asientan las primeras casas rústicas de Pardavé. A nuestra izquierda sauces y paleras siguen acompañándonos. Tenemos una sucesión de posturas muy buenas, cada cual mejor. Pozos separados por tablas de corrientes, estrechamientos con rápidos desembocando en pocetas con árboles caídos y raseras, pero sobre todo truchas, algunas de buena talla. Las corrientes que alimentan estas pozas y ellas mismas suelen ser bastante fructíferas.

A continuación el río se abre en dos ramales separados por un pequeño islote verde. El izquierdo al principio es estrecho, con corrientes rápidas y poco profundas. Enseguida se abre en una ancha tabla, al final de la cual preside el antiguo puente de piedra de Pardavé. El ramal derecho discurre pegado a los muros de piedra que sirven de asiento a las casas del pueblo. Tiene una anchura constante de 4-5 metros y es bastante profundo, con un par de pozas, pero vadeables por la orilla izquierda. En una curva a la izquierda veremos su nacimiento: una corriente rápida a la salida del puente. El puente está anclado sobre un enorme pozón que refresca a los mozos del pueblo y anima las tardes veraniegas. En el invierno la distracción la proporcionan las truchas que frezan en las corrientes que salen de la poza.

Aguas arriba tenemos una tabla lenta y bastante profunda por la que pulula un banco de cachos y buenas truchas. El pueblo está asentado en la ladera, y abajo el río, un tanto encajonado entre muros por una orilla y acompañado por prados y frutales de huertas en la otra. Acceder a esta parte del río es un poco complicado. Imposible por la izquierda, no hay orilla. Por la derecha tenemos que vencer la pendiente y los cierres de las fincas particulares. Despediremos las últimas casas de Pardavé en una tabla de corriente moderada y un metro de profundidad.

Desde aquí hasta el final del tramo el río se hace complicado de transitar y pescar. Discurre pegado a las laderas del monte sin apenas orilla. Por la izquierda los robles de la montaña bajan hasta el mismo río. Tendremos que ir avanzando pegados a la derecha. El lecho del río en esta zona es especialmente irregular, con cambios bruscos de profundidad y de corriente bastante fuerte en algunas zonas, dificultando bastante el vadeo. Con el río alto es mejor no intentarlo y en verano con precaución, no sería el primero que en un tropezón inesperado se lleva un buen susto amén de un refrescante chapuzón. Las posturas de aquí hasta el puente nuevo de la carretera, que marca el final del tramo, son chorros de corriente rápida y pozas entre estrechamientos; los últimos 50 metros el río se empieza a abrirse de nuevo.

Casi nunca falla
Hay pocos ríos que sean tan generosos con el pescador como éste. No quiero parecer osado, pero con él en buen estado me atrevería a decir que no hace falta ser un fuera de serie para hacerse con 4 o 5 pintonas, por mal que se den las cosas. Como en todos los sitios, hay días en que el río parece desierto, pero esto es muy extraño que suceda aquí cuando las condiciones son favorables y aun sin ver cebadas se pueden capturar las truchas pescando al agua. Por esta razón, cuando algún conocido de fuera viene por León a pescar y pide consejo sobre un lugar con ciertas garantías de capturar unas truchas, este tramo va siempre en la lista ocupando un lugar preferente, lista que desgraciadamente no es muy amplia. Cuando la petición va un poco más allá y alguien quiere que le llevemos de pesca, entonces si no acabamos en Pedrún lo hacemos en Pardavé, y hasta ahora el Torío ha respondido con su mejor moneda, las truchas.

Recuerdo una día de junio en que un compañero gallego se acercó a León acompañado por un hermano al que estaba iniciando en la pesca a mosca. Él, fiel a su estilo de pesca a la gallega, hizo caso omiso de nuestra recomendación de ir a buscar a las pintonas en las zonas de corriente y a pesar de no haber cebadas se metió en la primera tabla de aguas lentas que encontró. Allí, con el agua por la cintura, pudo desplegar a gusto su línea y un bajo de unos 5 metros, al final del cual iba una minúscula imitación de hormiga. Fue tomada por algunas truchas que se protegían del sol bajo las ramas de las salgueras, dándonos toda una lección sacando unas truchas difíciles, al menos para nosotros.

El “aprendiz” también se divirtió. Empleando varias moscas diferentes, en las chorreras y a la salida de las corrientes acabó capturando tantos peces o más que su hermano, que prácticamente no se movió de la tabla.

En otra ocasión fue un compañero vasco el que decidió invertir su fin de semana en buscar truchas leonesas. También era el mes de junio. El lugar elegido para la primera excursión no cubrió las expectativas, así que al día siguiente recurrimos a nuestro talismán, el Torío, para tratar de remediar el sinsabor que nos había dejado un Omaña cicatero. Pescamos en la zona cercana a Pardavé e hicimos salir a unas cuantas pintonas. Por desgracia ninguna por encima de los 30 cm que llenara el ojo de nuestro amigo, pero todas ellas dignas, entre 22 y 28 cm. Ojalá algún día el Torío llegue a ser tan bueno como cualquier río de Montana y se convierta en un destino preferente para muchos pescadores favoreciendo la promoción turística de la zona. Condiciones no le faltan, sólo hay que cuidarlo.
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