Pesca de Mar
Cómo se hacen los aparejos más pescadores
Última actualización 01/10/2004@00:00:00 GMT+1
¿Capricho o utilidad? ¿Son tan efectivos los bajos realizados con perlitas perforadas como los de nudos o los de emerillones? ¿En qué se diferencian los aparejos usados en las competiciones de los demás? Unos piensan que las ventajas de los actuales bajos de los pescadores de competición son minucias. Otros, por pequeñas que sean las mejores, las aprecian y las incorporan a sus montajes. En este artículo daremos a conocer las ventajas que aportan, abriremos la caja de pesca del pescador de competición y veremos los bajos más empleados.
El noventa y nueve por ciento de los pescadores lanzan sus cañas con un paternoster, el aparejo por excelencia de la competición (dejaremos un uno por ciento de margen por si acaso). Un bajo de línea mundialmente conocido que consta de una línea principal o línea madre de la cual derivan las gametas, brazos o punteras.
Para hacerlo hay que dotar a los extremos de la línea madre de dos sistemas de conexión, el inferior para enganchar el plomo y el superior para unir el bajo de línea con la línea del carrete (que será una cola de rata o puente la mayoría de las veces). Ya se sabe que cada maestrillo tiene su librillo y que no hay una regla fija. La pesca, como todo, evoluciona continuamente y cada día aparecen nuevos sistemas y accesorios, algunos realmente más efectivos y otros que se quedan en el intento, a veces porque el diseñador o fabricante no ha visto la pesca más que los días que toca comer merluza en casa. Por eso hay que tener cautela con los elementos con los que fabricamos los bajos de línea y probar siempre los materiales que adquirimos en las tiendas de pesca. Además, hay varios materiales más que necesitaremos para la construcción de nuestro bajo de línea para la competición como perlas, topes…
Comenzaremos por el extremos superior, el vínculo de unión entre el bajo de línea y el hilo almacenado en el carrete. Son muchas las opciones, pero la clave está en buscar un elemento que combine rapidez, robustez y ligereza, características que deben reunir todos los accesorios que usemos. Rapidez y sencillez para perder el menor tiempo posible en el cambio de aparejo, desanzuelado del pez, etc. Fuerza y robustez para no romper ese elemento en cada lance o por la presión del pez, y ligereza para que la influencia de los accesorios en el bajo de línea sea mínima y no altere el movimiento natural de la carnada salvo que sea eso lo que deseamos, como en el caso de los componentes flotantes o hundidos.
Yo recomendaría un emerillón simple, sin clip, al que ataríamos la línea madre mediante un nudo grinner, clinch o el que cada uno considere oportuno teniendo en cuenta que debe ser muy sólido. Al tener el emerillón una anilla u ojal, podemos enganchar en él el clip del elemento que hayamos situado en el extremo de la línea del carrete y evitaremos los retorcimientos del hilo. Podríamos anudar un emerillón de rodamiento, crane o un rolling, todos ellos ofrecen una sobrada resistencia con tamaños no excesivamente grandes (atrás quedan ya aquellos emerillones dorados de barril).
Las anillas grandes son más fáciles de manejar para cambiar rápidamente el aparejo, pero también son más voluminosas. Cada uno tiene buscar su punto ideal siempre que reúna los requisitos.
En el final de la línea madre debemos colocar una plomada mediante un sistema que permita cambiar dicho plomo rápidamente sin necesidad de realizar nudos. Como arriba hemos situado un girador, abajo podemos prescindir de él, es suficiente con un quitavueltas siempre que funcione correctamente. Yo aconsejo un emerillón inglés, que es como el clip que traen los rolling ya que es pequeño, fino y tiene gran resistencia a la apertura. Un truco para aquellos que cuiden todos los detalles consiste en tapar la pequeña ranura que suele quedar en la anilla de cierre con una gota de pegamento termofusible como el que se emplea para colocar las anillas de las cañas. También está muy extendido el uso del snap, un conector sencillo y eficaz. Tanto el de arriba como el de abajo, los conectores deben ser lo más pequeños posible y que aguanten la fuerza del lance. Cuanto más aerodinámico sea el bajo, mejor volará y menos le afectará la corriente del fondo.
A lo largo de la línea madre colocaremos las derivaciones que servirán para unir las gametas a la línea madre. La función de estos elementos es la de hacerlos girar alrededor de la línea madre, proporcionan una natural presentación del cebo y evitan los enredos cuando las condiciones del mar no son las mejores. Podríamos dar muchas vueltas alrededor de los innumerables sistemas para derivar las gametas que existen pero sólo vamos a incidir en el elemento más usado hoy en día en competición: la perla cruzada. Esa que aparte del agujero normal en cualquier perla tradicional tiene otro perpendicular. En uno se introduce la línea madre alrededor de la cual gira este accesorio y en el otro la gameta en cuyo extremo trasero realizaremos un nudo que haga tope en el orificio. El nudo que hagamos debe ser muy fuerte y nos aseguraremos de que no se deslice sobre sí mismo ya que podríamos perder una pieza enganchada en el anzuelo (una opción es realizar una gaza doble y cortar los tres extremos sobrantes). Hay quien sitúa una cuenta o perlita de muy pequeño tamaño entre el nudo y el orificio de la perla cruzada para mejorar la rotación de la gameta sobre sí misma y evitar los enredos.
Sabiendo esto ya podemos hacer buenos sistemas de derivación a nuestro antojo, aparejos de un anzuelo, de dos o de tres, con gametas cortas, largas, mixtas…
La elección del hilo
Hay quien no le presta mucha atención a la línea madre porque piensa que es la parte menos importante del aparejo, pero tiene gran relevancia en la acción de pesca. Por estar relativamente cerca de los cebos, puede alertar a los peces si no tomamos la precaución de emplear un monofilamento de color neutro, mejor fluorocarbono si el bolsillo lo permite. La memoria también influye; si tiende a enrollarse, aunque esté tensa por el plomo, se facilitan los líos cuando se destense, que puede ocurrir por múltiples motivos: picadas, corriente, olas…
Y lógicamente la resistencia. Para los bajos de línea de larga distancia, donde se ejerce una presión muy grande durante el lance, la línea madre debe ser como mínimo del 0,50. Depende un poco de cada pescador, ya que unos se pueden lanzar tranquilamente con un 0,45 y otros que rompen todo por debajo del 0,70. Pero para la pesca más fina se pueden emplear hilos del 0,25 al 0,35. ¿Por qué tan fino? Básicamente porque la línea madre también afecta a la naturalidad del cebo en su movimiento y visualmente y las corrientes del fondo le afectan menos.
Por supuesto que esto tiene mayor relevancia en el monofialmento de la gameta, que es el que más en contacto está con el cebo. Aquí debemos buscar el equilibrio entre finura y esa rigidez y ausencia de memoria que evita los líos en las gametas, la característica de los calibres más gruesos. A la hora de elegir el monofilamento tendremos en cuenta su reacción al estirado con la mano. En determinadas playas o en ciertas circunstancias, la gameta puede salir del agua liada y a veces con algún nudo, lo que provoca que el hilo tienda a guardar esa antinatural y poco favorable forma para la pesca. Es entonces cuando debemos estirar con el hilo para intentar dejarlo con la forma original, una de las ocasiones donde se distingue un nailon con poca memoria. Habrá veces que ni estirando el hilo lograremos dejarlo en condiciones. Un buen momento para cambiar la gameta o todo el bajo de línea por uno nuevo.
En aguas muy tranquilas se pueden construir gametas con monofilamentos extremadamente finos, más propios de la pesca en agua dulce que al surfcasting (hablamos del 0,16 al 0,20). A veces, la naturalidad del cebo con estos diámetros es la clave que marca la diferencia en la pesca diurna cuando el pescado está especialmente receloso y la visibilidad es máxima. En mares más bravos sería inútil intentar esta táctica porque irremediablemente se formarían auténticas pelucas en la gameta y el aparejo quedaría inservible por completo. Ahí es donde hay que jugar con monofilamentos de mayor grosor (del 0,26 en adelante), y habrá veces que estemos obligados a pescar con un 0,35 aunque la talla de los peces no merezca un hilo de tanta resistencia.
Como hemos dicho, tiene mayor importancia el monofilamento de la gameta o puntera, porque es el que está en contacto directo con la carnada que pretende engañar al pez y por ello se está imponiendo el uso de hilos de fluorocarbón 100% de alta calidad que nos proporcionan resistencia y una invisibilidad casi total. Otra característica de esta clase de hilo es su ausencia de elasticidad, un dato que podemos aprovechar para construir la línea madre del aparejo. Se trata de conseguir que no disminuya la fuerza de compresión de la caña en el momento del lance, una energía que se pierde en parte cuando el monofilamento de la cola de rata y de la línea madre es excesivamente blando. Como sabemos, el fluorocarbono de calidad tiene un precio elevado y su uso en la línea madre puede ser recomendable pero no obligatorio.
Anzuelos finos y bien afilados
El anzuelo es otro elemento que merece una gran atención y son varios los detalles a tener en cuenta: la punta, la dureza y la forma. A cada pescador le gusta un tipo de punta: recta, hacia adentro, larga, corta… Opiniones hay para todos los gustos y efectivamente depende de en qué situaciones trabaja mejor una u otra. Pero en la mayoría funciona mejor la punta recta, con la que se fallan menos picadas y el clavado es más efectivo. Para casi todas las situaciones en playa se suele emplear la punta recta, no siendo así en la roca, donde un anzuelo con la punta hacia adentro tiene menos posibilidades de engancharse. Además, favoreceremos el autoclavado de la pieza, un dato muy positivo si tenemos en cuenta que cualquier movimiento del aparejo por el fondo puede hacer encallar cualquiera de los elementos del aparejo.
Ni que decir tiene que la punta del anzuelo debe tener un afilado láser impecable, dato que aparecerá escrito en el sobre de anzuelos y que comprobaremos al acercar con cuidado la punta a la piel y sentir como pincha sin ejercer apenas presión. Nos fijaremos en que todos los anzuelos sean iguales en el mismo sobre, longitud de la punta, amplitud de la muerte, acabado perfecto, etc. Lo digo porque si en el mismo sobre hay diferencias apreciables entre los anzuelos significa que el proceso de fabricación es algo rudimentario, que no pasa un control de calidad y que, por lo tanto, no son aptos para su uso, mucho menos en competición.
Como norma general, cuanto más fino es el anzuelo, mejor, ya que le provocamos a la carnada un daño menor, tiene menos peso y por lo tanto, la presentación del cebo es más natural y eficaz. Pero claro, normalmente la resistencia del anzuelo es inversamente proporcional al grosor de éste. No obstante, este es un dato muy a tener en cuenta ya que podemos buscar un anzuelo duro para determinadas situaciones o blando para otras. El que no cede ante la presión (o le cuesta ceder) es bueno para piezas de una cierta entidad en fondos lisos sin obstáculos como son los de las playas. La reacción de estos anzuelos ante un esfuerzo excesivo es la rotura, la cual sucederá (a igualdad de grosores) en un anzuelo de calidad construido con un buen acero, porque en todo hay niveles de calidad, y el mundo de los anzuelos no podía ser menos.
Por el contrario, el anzuelo “blando” suele ser algo más fino y en absoluto forjado, lo cual no quiere decir que los redondos o sin forjar sean fáciles de doblar, los hay más resistentes a la torsión que los forjados. Es idóneo para la pesca rápida y difícil de un tamaño medio o pequeño y también lo usan muchos aficionados en la pesca de roca donde un “enganchón” puede ser fácilmente liberado ejerciendo tracción con la caña.
Con unos alicates se puede devolver la forma al enderezado anzuelo y continuar pescando normalmente sin haber perdido tiempo. Claro que lo mejor es cambiar todo el bajo de línea, pero mientras conserve la punta afilada y la integridad son unos segundos preciosos que ganamos y que pueden ser decisivos cuando el pescado abunda. De todas formas, conviene probar estas herramientas antes de emplearlas en un campeonato importante, no vaya a ser que alguien se tome al pie de la letra estas líneas y empate un anzuelo de esos que usan los pescadores de agua dulce para el ver de vase y lo saque recto como un alfiler ante la picada de una mabra de 400 gramos.
La gameta y la carnada
Las formas de los paternoster para la pesca de competición son interminables teniendo en cuenta las numerosas combinaciones existentes de línea madre (diámetro y longitud) y gametas (número, diámetro y longitud). Como siempre, no existe una regla fija ni un aparejo estrella que funcione al cien por cien en todas las situaciones, pero podemos ofrecer una guía a modo de orientación.
En cuanto al estado del mar hay que decir que las playas tranquilas con poco movimiento del fondo permiten el uso de unas gametas muy finas independientemente de su longitud sin que salgan del agua hechas una peluca. Hablamos de grosores del 0,18 al 0,23, incluso 0,16 apurando un poco. Con la naturalidad en el movimiento del cebo que ofrecen estos diámetros, el rendimiento del aparejo es máximo pero, aunque algunos monofilamentos de hoy en día ofrecen unas magníficas prestaciones en cuanto a resistencia, la existencia de posibles capturas de gran tamaño como doradas, lubinas, anjovas, rayas, etc, obligan a aumentar el diámetro de las gametas para evitar roturas.
Las playas planas suelen esconder grandes corrientes ya que la zona de turbulencias que comienza donde rompe la ola hasta que muere es bastante grande. Otras parecen tranquilas en principio, pero bajo la superficie puede haber mar de fondo que entorpece el correcto trabajo de nuestros bajos de línea. Otro contratiempo es la existencia de algas u otras elementos en suspensión, algo nada conveniente para conseguir una buena presentación de la carnada. Todos estos factores nos obligan a emplear un diámetro de gameta que oscile entre un 0,25 a un 0,35.
El diámetro de la línea madre también influye en la acción de pesca y si bien debemos emplear gruesos hilos para los lances más largos (0,45 en el caso de algunos pescadores, 0,50, 0,60 para otros…), cuando la distancia no es una obligación, cuando hay corriente en el fondo o cuando la pesca está difícil, se puede bajar hasta un 0,25.
También hay diferencias entre el bajo de línea cuando hay mucho pescado, cuando no hay tanto o está receloso. Las gametas largas, además de hacer una carnada más natural a los ojos del pez, buscan mejor el pescado, expresión empleada para decir que cubren una zona más amplia, porque recordemos que lo más normal es que las especies más habituales en el surfcasting vayan en cardúmenes (las herreras, las diferentes especies de sargos, las lubinas de pequeño y medio tamaño o robalizas…) y que estos bancos son de unas dimensiones variables pero bastante concentrados, es decir, que los ejemplares no van dispersos sino más bien pegados unos a otros. Por ejemplo, las herreras van cerca del fondo mordisqueando las “dunitas” del fondo creadas por las olas y las lubinetas nadan bien juntas a medias aguas normalmente. Por esta razón y teniendo en cuenta que la capacidad sensitiva de los peces por buena que sea es limitada (ya sea el olfato, la línea lateral, la vista..) puede ocurrir que el engaño que con tanta ilusión hemos lanzado mar adentro, quede fuera del alcance del pez, por lo tanto, si en un aparejo la distancia entre cebos es de tres metros y medio cubrirá más zona que si es de pocos centímetros.
Cuando hay mucho pescado, un aparejo de tres anzuelos (el máximo permitido) es el adecuado para tener la posibilidad de pegar dobletes o tripletes. Pero cuando la pesca es escasa, dos anzuelos permiten aprovechar mejor el espacio del aparejo con gametas más largas, para ahorrar carnada o para alcanzar más metros en el lance al eliminar el rozamiento de uno de los tres cebos. Son sólo unas recetas que funcionan, pero que como todo, pueden variar y ser igualmente efectivas adaptándonos a las circunstancias que veamos.