Hemeroteca :: 01/08/2004
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Salmónidos

El sereno, ¿fantasía o realidad?

Última actualización 01/08/2004@00:00:00 GMT+1
Con la llegada del estío las jornadas trucheras se alargan varias horas por algo tan simple como el hecho de que los días sean más largos que en primavera. Pero el calor propio de la estación veraniega hace que las horas centrales del día pierdan bastante interés para el pescador ya que las truchas abandonan todo tipo de actividad.

Sin embargo, el momento del amanecer y, sobre todo, el del anochecer, cobran un protagonismo especial, ya que los peces, principalmente en el segundo, aprovechan para alimentarse con fruición y además las eclosiones se hacen más abundantes.

Este momento, conocido popularmente como “sereno”, es el más importante del día y seguramente el más productivo para la pesca. Pero las condiciones son diferentes y especiales. Cinco adictos al sereno nos cuentan cómo hacer frente a este periodo mágico.
Pesca que las truchas que no se hubiesen capturado a mediodía, difícilmente se conseguirían al sereno. Dicho personaje es el mejor pescador que jamás he conocido y mucho fue lo que aprendí a su lado. En parte estoy de acuerdo con ello, pero alrededor de este tipo de pesca se ha creado una especie de leyenda que en ocasiones obedece a la realidad, pero otras muchas es producto de la fantasía que rodea este mundo de la pesca.

En cualquier caso, cuando llegan los calurosos meses de verano, principalmente julio y agosto, muchos aficionados depositan todas sus esperanzas de capturar ejemplares en las últimas horas de luz del día, en el popularmente denominado sereno. Es verdad que son momentos en que las truchas suelen mostrar cierta actividad y, en consecuencia, pueden estar más propicias a aceptar nuestros engaños, pero igualmente cierto es que hoy día no es frecuente tener un buen sereno, y cuando lo hay tampoco es fácil capturar un elevado número de ejemplares. También es evidente que los mayores ejemplares de muchos ríos, es al anochecer el único momento del día en que muestran cierta actividad en superficie. Los buenos serenos forman parte del pasado, cuando la cantidad y el comportamiento de las truchas era muy distinto de la actualidad. En cualquier caso, todavía es posible disfrutar de la pesca en esas últimas horas de luz. Evidentemente la cosa varía mucho de unos ríos a otros, siendo los no regulados por pantano donde encontraremos mayores posibilidades de capturar ejemplares al atardecer, y también varía mucho de unas comunidades a otras. Son Asturias y Galicia en las que mayor actividad he visto en las truchas al atardecer. Incluso han habido ocasiones, en que, pescando en ríos de ambas comunidades, durante el día las truchas no han dado ningún signo de vida, y al atardecer se han volcado en una alocada actividad, aunque ello no quisiera decir, ni mucho menos, que fuese fácil pescarlas. En cualquier caso, pesquemos en un río u otro, al sereno hay que emplear técnicas diferentes a las utilizadas durante el resto del día. Veamos cómo hacerlo.

En primer lugar, hay que tener presente que para tener un buen sereno, como su propio nombre indica, tiene que estar el tiempo en calma, sin aire y con una temperatura que no sea excesivamente elevada. Disfruto enormemente de esos atardeceres tranquilos y calmados sólo por el hecho de estar a la orilla del río; si además las truchas muestran signos de actividad, mucho mejor. Personalmente también prefiero que el río en cuestión esté algo escaso de caudal. Si va a ser un buen sereno, ya desde los primeros instantes en que el sol baje su fuerza deberíamos de notar cierta actividad en las truchas. Dicho de otra forma, a partir de las ocho de la tarde aproximadamente, en aquellos lugares que ya estén cubiertos por la sombra, las truchas deberían de comenzar a mostrar su actividad, ya sea en forma de cebas o bien aceptando nuestras moscas sin más. Si no es así, puede que no sea el mejor día para pescar al sereno.

La mejor opción es, tanto si pescamos en aguas libres como si lo hacemos en algún coto, escoger una zona para las últimas horas de luz del día, y dejarla descansar hasta ese instante. Evidentemente, debido a la presión de pesca actual, esto no siempre será posible. Hasta ese momento se puede emplear el tiempo pescando en otras zonas del tramo en cuestión, o simplemente sentados en la orilla esperando el mágico momento. Personalmente prefiero ir prospectando otras zonas del río, y con ello tener la posibilidad de ir capturando algún ejemplar, y si llegado el momento el lugar que en un principio tenía pensado pescar al anochecer está ocupado por otro pescador, no hay que preocuparse, el río es muy grande y seguro que habrá otro sitio donde intentarlo.

Para esas horas previas al anochecer, y para el sereno propiamente dicho, sólo empleo tres tipos de artificiales: una hormiga, montada en un anzuelo del número 20, y dos tricópteros: uno con cuerpo, tejadillo y hackle amarillos, y otro negro entero. Ambos de buen tamaño, montados en un anzuelo del número 12 o 14. Salvo raras excepciones no empleo ningún otro modelo de mosca. Comienzo a pescar con cualquiera de los dos tricópteros, pescando el agua, igual que si lo hiciera a plena luz del día. Aunque parezcan excesivamente grandes, son moscas muy efectivas, y mueven muchas truchas. Si localizo alguna cebada y me rechazan los tricópteros, es cuando pongo la hormiga, que a esas horas del día es una mosca que suele ser bien aceptada por las truchas. Cuando comienza el sereno propiamente dicho, es decir, cuando empieza a oscurecer, pesco casi exclusivamente con el tricóptero amarillo, ya que su tamaño y su color hacen que tenga una buena visibilidad.

Si tenemos la suerte de asistir a un buen sereno, serán necesarias unas buenas dosis de paciencia pues, generalmente, pese a la frenética actividad, no suele ser fácil engañar a las truchas, y los rechazos serán el denominador común. Desde hace tiempo, cuando vivo una de estas situaciones, siempre pesco de la misma forma. Llegados esos instantes en que las truchas muestran su mayor actividad, y con el tricóptero amarillo anteriormente mencionado en el terminal de mi bajo, comienzo a pescar. Si las truchas lo rechazan, las dejo descansar unos instantes y vuelvo a insistir de nuevo, y así sucesivamente. Muchas veces no sirve de nada cambiar de mosca, además que con esas condiciones de luz no es fácil hacerlo repetidas veces. Creo que es mejor seguir insistiendo con la misma mosca, y he comprobado que en muchas ocasiones llega un momento, que generalmente coincide con los últimos momentos de luz, en que aceptan bien la artificial. Son precisamente esos escasos momentos los que tenemos que aprovechar. De lo contrario puede que no seamos capaces de capturar ejemplar alguno. La calma del pescador es un factor importante, y la precipitación no es nada buena en estas situaciones.

Agudizar los sentidos
Ya hemos visto la manera de actuar ante el sereno, y las moscas que debemos de emplear, pero hay otra serie de factores que pueden jugar a nuestro favor. Cuando ha oscurecido puede seguir la actividad de las truchas y, aunque no es fácil, se siguen teniendo opciones de capturar ejemplares. En esos instantes deberemos de agudizar la vista y el oído. Si nos ayudamos del reflejo de la luna en la superficie del agua, es posible ver tanto las cebadas como la mosca. Es importante buscar un lugar donde dicho reflejo juegue a vuestro favor, al lanzar la cola veremos donde cae, y también sabremos, aproximadamente, por donde está nuestra artificial.

En cuanto al oído, también es posible detectar las cebadas por el ruido que estas producen. Muchas veces las cebadas ya no se pueden ver con claridad pero, por contra, sí suelen producir un ruido perfectamente audible. Si localizáis la zona en que creéis que esto está sucediendo, lanzad vuestra artificial. Si volvéis a sentir la cebada o notáis algo extraño, clavar con firmeza. Lo peor que puede pasar es que no haya sido a vuestra mosca, y por eso no pasa absolutamente nada.

Aunque he capturado muchas truchas en estas circunstancias, nunca me produjeron tanta satisfacción como conseguirlas a plena luz del día o con algo más de visibilidad. Es cierto que no es fácil clavar uno de estos ejemplares, y ello constituye un reto para el pescador, pero la oscuridad nos priva de disfrutar del lance en todo su esplendor. Nos limitamos a clavar y a tirar del pez hacia nosotros, y no sabore
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