Hemeroteca :: 01/08/2004
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Ciprínidos

Carpones orillados

Última actualización 01/08/2004@00:00:00 GMT+1
Cada día son más los mosqueros que disfrutan pescando carpas por las orillas de nuestros embalses. La mayoría de ellos para adiestrarse recurren a escenarios de fácil acceso y con abundancia de piezas de mediano tamaño. Con ganas de aprender y algunas horas de práctica pueden llegar a conseguir un buen número de ejemplares.

No obstante los pescadores más impulsivos e innovadores, sintiéndose satisfechos con esta modalidad en un mismo entorno, manifiestan el deseo por conocer nuevas sensaciones, experimentar técnicas diferentes y en cualquier caso optan por capturar piezas de mayor tamaño.
Realizar largos viajes, conocer nuevos rincones y recurrir a nuevos pantanos nos lleva en ocasiones a buscar soluciones mágicas con nuestra caña de mosca sin profundizar lo suficiente en posibilidades que tenemos en la puerta de casa y que nos parece un reto supuestamente inalcanzable, como es adentrarnos en la pesca de las grandes ciprínidos a mosca y, en concreto, de las grandes carpas que abundan en muchos de nuestros embalses.

Durante todo el verano, coincidiendo con el periodo vacacional y las altas temperaturas, grandes ejemplares de carpa común manifiestan una tremenda actividad, hasta el punto de que en su afán de alimentarse recurren a zonas muy someras donde prevalecen las aguas calientes, escenarios que en algunos casos no superan el metro de profundidad. Estas circunstancias, aunque se producen en muchas aguas peninsulares, no suelen ser muy conocidas por cuanto requieren un mayor grado de implicación y esfuerzo para dominar unas técnicas depuradas capaces de engañar a estos ciprínidos huidizos y esquivos por excelencia, sobre todo cuando alcanzan varios kilos de peso.
¿Dónde encontrarlas?
Hoy día existen muchos pantanos en los que abundan carpas con pesos cercanos los dos kilos de peso y que se alimentan frecuentemente a pocos metros de la orilla. Otros embalses, por el contrario, se caracterizan por disponer de piezas muy superiores en los que predominan los grandes ejemplares, carpones que sólo se acercan a zonas de poca profundidad cuando abunda la comida, no son molestados y apenas existe presión de pesca. Esto nos hace pensar que serán las orillas apartadas y poco transitadas las que nos aportarán mejores resultados.

Los lugares intransitables y de difícil acceso del embalse son ideales, pero ello no quiere decir en ningún momento que un carpón de siete kilos o más se vaya a quedar comiendo en la orilla delante del pescador como si tal cosa; por el contrario, estos grandes peces nos detectan de inmediato y a partir de este instante sólo tendremos la oportunidad de contemplarlos.

Escasas posibilidades
Aunque algunos embalses disponen de alta densidad de buenos carpones, son pocos, muy pocos, los peces de esta envergadura que se atreven a orillarse poniéndose a la vista del pescador, por lo que a lo largo de algunas jornadas apenas llegaremos a tener media docena de oportunidades. Como referencia, recuerdo que el pasado verano mi compañero Luis bajó de la motora, era media mañana y anduvo posiblemente 4 kilómetros sin efectuar un solo lance. Al llegar a una pequeña recula localizó dos ejemplares, clavó uno de ellos, y después de una pelea titánica, aquella carpa dio más de diez kilos de peso. A raíz de esta experiencia yo me pregunto ¿merece la pena? Supongo que en la respuesta está en el inicio de una gran aventura.

¿Cómo debemos acercarnos a ellas?
Cuestiones tan evidentes como andar por la orilla, observar hasta los más mínimos detalles y acercarnos a nuestros objetivos con la máxima discreción y cautela son primordiales. Aplicar el mayor grado de mimetismo, evitar tomar altura por la orilla para no ser localizados, aprovechar el terreno blando para pisar y procurar en todo momento no dar tropezones y patadas a las piedras es primordial. Si fuera necesario debemos andar casi de puntillas y llevar calzado preferiblemente blando.

Sabemos que hay cuestiones que no se pueden evitar como es el peso, altura y envergadura del pescador, pero si cabe la expresión, el mosquero de grandes dimensiones es un estorbo para sí mismo por lo que la posición en acción de pesca no debe ser erguida, sino por el contrario ligeramente agachado cuando observe los primeros síntomas tras haber localizado un ejemplar. Ese pequeño ángulo de visión juega a nuestro favor permitiéndonos ver al pez y lo más importante, no ser vistos.

Una vez localizado el ejemplar y detectado su tamaño aproximado debemos quedarnos inmóviles, realizar movimientos lentos y coordinados como agachar la cabeza, ponernos de cuclillas y comprobar que el conjunto del equipo es correcto para enfrentarnos a la posible batalla.

Con los grandes ejemplares, puedo advertir que suelen temblar las piernas, os lo aseguro; a veces se nubla la vista del esfuerzo y también los nervios nos pueden jugar una mala pasada. Siempre existirá la incertidumbre de cómo va a reaccionar el pez al posar nuestra ninfa, por lo que debemos evitar errores en el lance y adecuar nuestra ninfa en función de aspectos tan relevantes como la profundidad, la tonalidad de las aguas y la excitación del pez. Por ser una pesca que necesita muchos requisitos, ninguna variante puede quedar en el olvido por lo que cualquier pequeño detalle pasará a ser importante.

Algunos consejos en acción de pesca
Calcular la profundidad aproximada en el embalse no es difícil pues supone establecer una simple relación entre la distancia desde la orilla y pendiente existente. Debemos tener muy en cuenta el tipo de terreno así como las incidencias y dificultades que nos podemos encontrar tanto en las aguas como en tierra para efectuar el lance.

Una vez localizado nuestro objetivo debemos actuar siempre en función de la posición y grado de actividad que manifieste nuestro objetivo. Deberemos presentar nuestra mosca tomando decisiones rápidas y acertadas llevando a cabo una presentación correcta del señuelo, encontrando el lugar y momento preciso.

Con señuelos algo pesados como son las ninfas no siempre es posible realizar una posada tan discreta como la situación requiere, por lo que aconsejo evitar que la mosca no caiga en la vertical del pez, sobre todo si disponemos de poca profundidad.

Después de llevar un buen rato intentando localizar un buen ejemplar resulta tremendamente lógico que nos centremos tanto en las aguas que olvidemos las incidencias de la orilla. Hay que tener en cuenta que todo nuestro esfuerzo se puede ir al traste si olvidamos una simple retama a nuestra espalda o realizamos un falso lance defectuoso pinchando nuestro señuelo en un jaramago apenas imperceptible.

Si el pez va comiendo y desplazándose al mismo tiempo, será necesario adelantar el lance suficientemente para que el pez no detecte la posada evitando que extrañe, levante la vista y nos localice. La carpa no debe ver descender el señuelo, ya que es una forma antinatural de movimiento y por tanto motivo más que suficiente para ahuyentarla.

Una vez que la mosca ha tomado fondo y comprobamos que la carpa pasará cerca de ella, moveremos el señuelo cuando preveamos que al tirar de la línea la carpa visualizará el engaño. Recuerdo que las carpas grandes comen igual que las pequeñas pero son infinitamente más recelosas y desconfiadas.

A la hora de efectuar el lance no debemos precipitarnos pero tampoco demorarnos; será imprescindible fijarnos en todos los detalles y no perder la vista al pez ni un solo instante. Tened en cuenta que mientras que la carpa no nos haya visto y siga comiendo existen posibilidades.

Cuando un carpón detecte nuestra ninfa y no la tome porque no se la hayamos pasado literalmente “a huevo”, es fácil que la busque impaciente y se manifieste excitada, momento mágico para intentarlo nuevamente.

Captura y suelta
Por fin culminamos nuestro deseo, conseguimos engañar y capturar una buena pieza; la pelea ha sido impensable y queríamos que el pez se fatigara cuanto antes porque la incertidumbre para conseguir nuestro objetivo ha sido como “un penalti” en el momento más crítico. Pues bien, es el momento de demostrarnos que todo ha sido un reto personal, que tanto esfuerzo tenía como fin demostrarnos a nosotros mismos que era posible. Si tenemos suerte podemos dejar en nuestra cámara de fotos un recuerdo inolvidable, ¡el pez a sus aguas!
Animo desde estas líneas a probar nuevas sensaciones, enfrentarnos a situaciones desconocidas con estos tremendos ejemplares con el único fin de servirnos como un reto personal, que es lo que diferencia al verdadero pescador a mosca. Suerte y a por ellas, merece la pena intentarlo.
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