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Libre sin muerte de Villanañe
Última actualización 01/06/2004@00:00:00 GMT+1
Este tramo libre sin muerte es uno de los mejores de la provincia de Álava y tiene todas las posibilidades para figurar también entre los de nuestro país. Pero como muchos otros, precisa de los cuidados por parte de todos: Administración, guardería y pescadores.
La confluencia de los ríos Omecillo y Tumecillo en la alavesa localidad de Villanañe vertebra un tramo libre sin muerte que se sitúa por su importancia a la cabeza de los tres existentes en el territorio alavés. Ambos ríos, aun proviniendo de cuencas diferentes, tienen una configuración y características muy similares.
El Omecillo es un río que alterna tramos de vestidas márgenes que no impiden el pescar casi todas sus posturas ya sea vadeando o desde sus orillas, con otros más abiertos y cómodos. Un río de aguas frías que posee corrientes con raseras y pequeños pozos, dando una configuración realmente atractiva al tramo.
Esta parte del tramo libre sin muerte es corta, tan sólo ochocientos metros, pero ofrece al pescador numerosas posturas de trucha, una densidad de peces más que aceptable y una talla media que para un escenario de estas características podemos considerar casi excelente.
La otra parte del tramo es la que corresponde al río Tumecillo, de una longitud de 1,6 km y con una orografía ligeramente diferente de la del Omecillo. La parte inferior, aguas arriba de su confluencia con el Omecillo, es un parado de aguas profundas poco accesible. Aguas arriba el río alterna tablas con corrientes y pequeños pozos, en una zona vestida de márgenes pero accesible.
Ya a la altura del Santuario de Angosto, el río desaparece al fluir sus aguas bajo el mismo, para volver a ser accesible justo a la altura de la basílica. Aguas arriba de este punto el río es realmente atractivo y accesible, con continuas corrientes y pequeños pozos. Al igual que en el río Omecillo, se debe decir que cuenta con una aceptable población de truchas de una buena talla media.
El lector, a la vista de lo expuesto, puede pensar que todo es bueno aquí: aguas limpias, accesibilidad entre buena y aceptable, bien de truchas y de talla... Pero hemos de tener en cuenta que para efectuar una pesca fructífera, y al igual que en otros escenarios, deben de coincidir una serie de circunstancias que faciliten el lance y el vadeo sin ser detectados por las truchas, de manera que éstas sean más proclives a ser pescadas.
Indudablemente creo que la circunstancia que más influye en este tramo sin muerte a la hora de realizar una pesca satisfactoria es el caudal. Ambos son ríos que acusan el estiaje -más el Tumecillo-, por lo que durante la época estival bajan francamente escasos de agua y las truchas tienden a localizarse bien en las zonas más profundas o en aquellas en las que gozan de cobijo, “moviéndose” más al atardecer y al amanecer, y cuando hacen por la seca obligan al pescador a desplazarse por el río con un sigilo extremo a fin de no asustarlas.
Hemos de estar, pues, pendientes de la pluviometría, ya que con el río fuerte aunque no desmesurado, y con aguas levemente tomadas, es cuando el pescador puede conseguir una pesca más efectiva. Y así lo confirmó nuestra experiencia a finales de marzo de 2004.
La pesca
Tras días de copiosas lluvias, la casi totalidad de los ríos bajaban enormes y turbios. El azar nos llevó al tramo libre sin muerte de Villanañe. Primero echamos un vistazo al Tumecillo, pero al parecernos que bajaba demasiada agua nos dirigimos al Omecillo que, aunque alegre, se mostraba más accesible.
No llevábamos más de diez minutos pescando cuando Aitor sacó la primera trucha con un estrímer. Una preciosa pintona de cerca de treinta centímetros de hermosa librea con un tono de fondo claro motivado por el color de las aguas. Decidimos hacer el tramo entero, empezando por su confluencia con el Tumecillo, y remontarlo lanzando en las zonas más querenciosas.
Salió algo de mosca -Baetis rhodani- pero no vimos una sola ceba. Con la ninfa conseguía algunas picadas... pero Aitor me estaba empezando a poner nervioso, ya que con el estrímer “movía” truchas casi postura tras postura, por lo que hice lo propio y también pesqué con estrímer.
En el Omecillo sacamos media docena de truchas de entre veintiocho y treinta y cinco centímetros, fuertes y vigorosas, que entraron con decisión al estrímer. Después nos trasladamos al Tumecillo que, cosa increíble, había bajado notablemente de caudal en poco más de tres horas.
Como no disponíamos de mucho tiempo, nos dirigimos a la parte superior del tramo, con la intención de pescar desde el Santuario de Angosto hasta el límite superior, no más de quinientos metros. De nuevo se repetían los ataques furiosos al estrímer, aunque muchas no llegaban a prenderse, y alguna, especialmente fornida, quebraba la línea.
Alrededor de las 15:30h tuvimos que retirarnos y nos fuimos especialmente satisfechos. Fue uno de nuestros primeros contactos con el tramo, desde luego no el último. Capturamos y devolvimos quince truchas de entre veinticinco y cuarenta centímetros, casi todas a estrímer y viendo el mágico y excitante momento de la picada. Por si fuera poco, todas ellas eran truchas autóctonas, de bonita librea y bravura fuera de serie para estar a principio de temporada y con las aguas muy frías.
Espero con ganas el momento en que el tiempo temple, las aguas se normalicen, empiecen a darse las primeras eclosiones que atraigan gastronómicamente la atención de las truchas, y deba esgrimir mis mejores dotes para capturar esas preciosas truchas -que Dios y pescadores guardemos muchos años- con la seca, en lances medidos, muchas veces cortos, casi de punta, agazapado en las márgenes en un duelo directo en el que unas veces saldré victorioso y otras vencido ¡que aburrido sería lo contrario!
Por último, un llamamiento. Camarada pescador, Álava era hace pocas décadas un edén para el pescador, pero los tiempos desgraciadamente han cambiado y son muy pocos los reductos que, como este tramo libre sin muerte de Villanañe, mantienen una población interesante de truchas autóctonas con la que disfrutar en el intento de pescarlas. Te ruego que seas deportivo, honesto y disciplinado, que respetes las reglas establecidas y contribuyas al paulatino enriquecimiento de su población truchera. Es un “sin muerte”, según obliga la ley, utiliza sólo mosca artificial sin muerte y libera cuidadosamente todas tus capturas. Disfruta con su captura tanto como con su puesta en libertad. Por los siglos de los siglos. Amén.