Ciprínidos
Tras las
carpas y barbos
de Ruidera
Última actualización 01/06/2004@00:00:00 GMT+1
Esta es la crónica de varios días de pesca en uno de los mejores escenarios
españoles para la pesca de grandes ciprínidos. Unas lagunas que encierran además,
un encanto especial por el enclave en el que se encuentran y una dificultad extra
por las características del agua, que permiten ver hasta varios metros de profundidad.
Con todo, los resultados no desmerecieron la vuelta a Ruidera.
Días antes de Semana Santa volví a visitar una de las masas de agua que más me habían impresionado en cuanto a belleza y calidad de pesca. Hacía por lo menos tres años que no había vuelto a las lagunas de Ruidera, y aunque en esta ocasión no habría pesca, me quedé emocionado nada más ver tan cristalinas aguas de nuevo. Una vez de regreso a casa no podía dejar de pensar en volver a pescarlas, ya que hacía tiempo que no había luchado con algunas de las enormes carpas y barbos que se esconden en estas aguas tan profundas. Además, contaba con el aliciente de que este año están bien altas y las cascadas volvían a fluir.
Me puse en contacto con mi amigo Johnny Jensen de Dinamarca, y al oír que tenía intención de volver a probar la suerte y sin pensárselo dos veces se apuntó a la jornada. El día 12 de abril llegué a Ruidera junto con Johnny, Mads, Claus y Andy bajo un potente sol. Nuestra intención era intentar pescar todas los especies de tamaño, tanto carpa, barbo como lucio, ya que sabíamos que en las profundidades había verdaderos monstruos de cada una. Formábamos un equipo a la altura de estas aguas tan difíciles y tendríamos la capacidad de capturar algún pez importante, aunque éstos también tendrían que poner de su parte y darnos alguna oportunidad.
Teníamos claro que estas lagunas no son fáciles de pescar ya que la claridad permite ver el fondo hasta 8 metros de profundidad, aparte de que algunas de ellas llegan hasta los 21 metros. Eso, unido a la cantidad de algas en el fondo cerca de las orillas, nos obligaba a presentar nuestros montajes correctamente.
Habíamos alquilado una de las casas rurales que hay en el pueblo, y de allí saldríamos diariamente en busca de nuestras presas con la ayuda de los amigos de los hoteles Guadiana y Entre Lagos, que pusieron a disposición las barcas con las cuales podríamos examinar puestos y preparar zonas para la pesca. Con el buen tiempo que nos acompañaba sería posible ver cómo los bancos de escardinos empezaban a moverse y al mismo tiempo activar los lucios, ya que podíamos observar que saltaban fuera del agua al ser atacados.
Llega el primer barbo
El engodo que emplearíamos para las carpas y barbos consistía en pienso CSL, microhalibut y pienso de halibut de 18 mm de El Carpón con un poco de maíz y cañamones. Una vez habíamos preparado varios zonas, nos retiramos al pantano de Peñarroya para ver si había actividad de las carpas, ya que suelen moverse más que en las lagunas. Además, también sabíamos que era seguro que algunos pescadores habrían estado allí durante la Semana Santa introduciendo engodo; al hacerlo dejaríamos tranquilos las zonas preparadas en las lagunas y los peces podrían acercarse y comer tranquilamente. Esto la haríamos a lo largo de los próximos dos días.
En el pantano montamos los equipos y lanzamos todas las cañas excepto las mías. Dejando a los demás fui al pueblo para comprar algo de comer. Al volver y aún en el coche vi cómo uno de las moquetas estaba mojada; baje rápidamente para ver qué es lo que habían capturado. Johnny se había estrenado con una carpa de unos 8 kilos y Andy comentó que tenía un pez del mismo tamaño en un saco de retención. Tras las fotografías del pez nos acercamos al puesto de Andy. Al retirarlo del agua y aún dentro del saco pude observar una silueta muy larga y nada más ver el color de su lomo supe inmediatamente que era nuestro primer barbo de la jornada: un precioso comizo de unos 8 kilos. Era el pez de estreno para And en aguas españolas, y vaya forma de hacerlo.
Es importante saber que este año y por fin los barbos están protegidos en las lagunas de Ruidera. Únicamente se pueden pescar sin muerte y es obligatorio devolver los al agua.
Las cosas nos iban bien. En el primer día habíamos logrado la captura de dos especies y aún teníamos mucha jornada por delante. Continuamos cebando los puestos en las lagunas y en el tercer día decidimos probar. Aunque habíamos pescado en el pantano, sabíamos que las lagunas son mucho más complicadas y necesitaríamos presentar nuestros montajes correctamente si queríamos tener éxito. Nos dividimos en dos grupos para poder cubrir más terreno: Andy y Johnny en un puesto, y Mads y Claus en otro. Yo por el momento no pescaba, me dedicaba a preparar otros puestos por si teníamos que cambiar. Ya he tenido mucha suerte en este escenario, y deseaba lo mejor para mis compañeros, aunque si empezaban a enganchar buenas piezas quizás mejor montaría mis cañas.
Finalmente todos estaban pescando y con el ánimo bien alto con el comienzo que habíamos tenido en el pantano. Ya que no nos habíamos visto en mucho tiempo, también teníamos que ponernos al día con nuestras respectivas historias y aventuras de pesca. Los cuatro acababan de volver de Canadá, donde habían estado pescando esturiones de hasta 150 kg y atesorado un buen puñado de historias por contar.
Más de dieciséis kilos
Andy fue el primero en obtener una picada, de una zona con una profundidad de 10 a 11 metros. Le había advertido de que las picadas de los barbos eran muy rápidas y violentas, pero no las esperaba tan fuertes y al coger su caña y cerrar el baitrunner el hilo se partió con el sonido de un disparo justamente por encima del carrete, que tenía el freno demasiado apretado. Ocurrió tan deprisa que el pez se había librado en un instante. Podría ser una carpa pero, por lo que yo observé y con experiencia con los barbos gigantes, creo sinceramente que se le acababa de escapar un comizo. Mads y Claus no lo estaban pasando mal tampoco, ya que cuando volví a su puesto tenían sendas carpas en el saco de retención de unos 12 kilos, e historias de algunas perdidas.
Así continuamos durante los días siguientes, con picadas en los dos puestos que confirmaban que los estábamos cebando correctamente. Creo que fue alrededor del día 4 cuando me acerqué al puesto de Claus y Mads tras venir de comprar algo de comida y los encontré con la sonrisa en sus caras; esto solamente podría reflejar alguna captura importante. Claus había tenido una picada y una lucha de unos 20 a 30 minutos con un pez de tamaño. Finalmente lo habían acercado a la orilla y con la claridad de las aguas pudieron observar una gran carpa común. Tras ensalabrarla, el pez dio en la báscula 16,700 kg, la carpa más grande que había visto en Ruidera y un nuevo récord personal para Claus. Aquella noche en el restaurante abrimos unas cuantas botellas de vino para celebrarlo.
Las carpas se estaban moviendo a lo grande y obtuvimos muchas capturas en todos los puestos excepto en el de Johnny, que solamente había capturado una carpa de 12 kilos desde el primer día aunque estaba animado y me comentó que entre todos los lagos y ríos que conoce no podría estar en un lugar mejor que en estas lagunas. Le pregunté si quería cambiar de sitio pero lo negó, dispuesto a esperar donde estaba ya que había visto movimiento de peces.
Cuando lo estás pasando tan bien el tiempo pasa volando y rápidamente llegamos al ultimo día de pesca. Habíamos capturado buenas carpas pero aún no habíamos visto a los barbos gigantes que viven aquí. Pero Johnny no se iría totalmente bolo y por la tarde obtuvo una picada muy violenta y una batalla con un pez que se veía que estaba en forma ¿podría ser uno de los barbos? En esta ocasión no le iba a tocar la lotería de los barbos, pero sí la de las carpas con una preciosa común de más de 16 kilos. No esta nada mal para terminar la jornada. Los barbos siguen allí y si duda volveremos a probar la suerte.
Al principio de este artículo comente que también probaríamos a pescar algún lucio, y así lo hicimos, pero eso es historia para otro día. Y podéis estar seguros de que volveremos.