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Crónica
Última actualización 01/05/2004@00:00:00 GMT+1
La feria tuvo lugar en el polideportivo de la localidad bajo una temperatura cercana a los catorce grados animaba a pasear y así lo hicimos, siguiendo a los que parecían saber a dónde iban. En el interior estaban los diferentes expositores, con el nombre de cada artesano o criador, en los que la pluma era el género rey. Había preciosos cuadros de moscas, tanto secas como ahogadas, elaborados con primor; antiguos carretes y cestas con pinta de haber albergado en su seno muchas generaciones de truchas; cientos de mazos (un mazo es un atadillo de doce plumas) colocados en muestrarios de cartulina, donde apreciar la tersura y el brillo únicos de tan sutiles productos de la naturaleza; cuerdas de cinco o seis moscos listas para pescar; también bobinas con hilos de seda de todos los colores con los que fabricar los cuerpos de las imitaciones; incluso un espacio, junto al que se habían preparado dos acuarios, uno con pequeñas truchas y otro con ciprínidos donde un par de montadores elaboraban delicadas efémeras en sus tornos.
Me sorprendió que todos los mazos llevaran un marchamo de calidad, una especie de vitola en cuyo anverso figura la efigie de un lustroso gallo circundada por el texto: Asociación de Criadores de Gallo de León, y en cuyo reverso aparece el dibujo de una pluma y las letras: pluma gallo León/calidad de origen. A esto hay que añadir el bonito escudo leonés, con su roja fiera rampante, reproducido a pequeño tamaño en ambas caras. Vivir para ver, el humilde atadillo de plumas de antaño se ha convertido hogaño en un producto con denominación de origen. Chapeau. Otro estaba dedicado a la artesanía en madera y a las tejas pintadas; uno a los artículos para la pesca de una nueva marca española; otro, a la promoción de un DVD titulado La cría del gallo de León y la artesanía de moscas artificiales en el valle del Curueño.
Llamó también la atención un rincón en el que la artesana Yolanda Espinosa ofrecía al público figuras de animales, mayoritariamente truchas, reproducidas con todo detalle mediante pinturas acrílicas sobre cantos rodados extraídos del río (uno hace las veces de pisapapeles, en el momento que redacto estas líneas, sobre mi mesa de trabajo). Por último, compré algo de pluma (indio rubión y palometa) en el puesto de Orfelina García Díez, comprobando que son varias las mujeres que también se dedican a este negocio de criar gallos y fabricar moscas, mujeres emprendedoras, sin duda.
Ignacio Galaz