Hemeroteca :: 01/04/2004
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Ciprínidos

Barbos a mosca en el Arlanza

Última actualización 01/04/2004@00:00:00 GMT+1
El Arlanza, un río castellano con
tradición de truchero
y algunos buenos cotos para la pesca de esta especie, se revela también como un excelente destino para
la pesca del barbo a mosca. Tan buen destino que el autor no duda
en calificarlo como
un pequeño paraíso
"Allí estábamos mi hermano y yo, a la orilla del río, mirando a mi joven padre. Tenía en sus manos una caña barata comprada en cualquier establecimiento de pesca, y se esforzaba por lanzar un corcho con una lombriz que previamente habíamos desenterrado con el azadón de mi abuela. Él nunca ha sido pescador, y no le resultaba fácil, simplemente pretendía enseñarnos algo que hasta entonces nosotros no habíamos apreciado de aquel río"

Un río, el Arlanza, que suponía una delicia para unos chavales como nosotros, un río que tan sólo estaba a cinco minutos andando desde la casa de mi abuela. Un pequeño pueblo de la provincia de Burgos, Peral de Arlanza, muy cercano a la provincia de Palencia. Allí pasábamos veranos infinitos, tres meses corriendo, nadando, cogiendo ranas, jugando... veranos de infancia.

Estábamos inmóviles, contemplando a mi padre y sin saber, que poco después, nuestra vida iba a quedar marcada por aquel momento. El corcho desapareció lentamente de la superficie, un pez plateado se debatía al otro lado del sedal, poco después sin ningún problema lo acercó y dándonoslo dijo: “el río tiene peces y éstos se pueden capturar si sois pacientes”, nos puso la caña en nuestras manos y nosotros como buenos alumnos repetimos la operación.

Aquel pueblo castellanoleonés se convirtió, aún más si cabe, en el paraíso. Con nuestros primos y vecinos empezamos a pescar Arlanza arriba y abajo, recorriendo territorios inexplorados en busca de nuevos “paraísos” de pesca, así encontramos los cantiles de Pellejanco, la playa del cura, la presa del molino, los hollones, la finca de Pinilla, y las corrientes de “isla hueca” donde montamos un pequeño refugio desde el que pescábamos todo el día.

Porque a partir de entonces no dejamos de pescar. Primero a corcho, luego a fondo, a ahogada... a lo que saliera dependiendo de los cebos que nuestros recursos nos permitían recoger y según cómo fueran las condiciones del río. Los ratos muertos los pasábamos realizando interesantes carreras de ranas, sesteando a la sombra o asando en hogueras algunas patatas “recogidas” de las huertas cercanas.

Bogas, cachos y algún que otro barbo volvían con nosotros al pueblo para alimentar nuestro ego de pescadores, a nuestra familia, algún que otro vecino y me temo, que sobre todo, a los gatos del barrio. Pero allí aguantábamos todos hasta bien entrada la noche, esperando los serenos que hacían hervir el agua y que permitían llenar la cesta sin apenas problemas. De vez en cuando, alguna despistada pintona también era capturada, en este tramo tan bajo hay pocas y aquellas capturas eran celebradas como una fiesta (a veces volvíamos corriendo a casa desde el río con el trofeo). Ya por aquel entonces empezamos a ver con ojos avariciosos de pescador aquellos tremendos barbos que se paseaban por debajo del antiguo puente, desde donde les tirábamos piedras que nunca les daban.

Son esos barbos los que tienen la culpa de hacer que cada vez que empuño una caña me vuelvan todos estos recuerdos, y además tengo que confesar que los recuerdos son más recientes de lo que parece... porque todos los años ¡vuelvo al paraíso!. Cierto que las cosas han cambiado y que ya no están mis vecinos, o que es difícil coincidir con mi primo Pedro o mi hermano, incluso algunos familiares se han ido para siempre. Igualmente tengo que reconocer tristemente que hay muchos menos peces, sin embargo regreso a enfrentarme a los que yo en aquellos tiempos consideraba los monstruos del río, vuelvo para enfrentarme mano a mano con los “señores del paraíso”.

El Arlanza
El río Arlanza es uno de los pocos grandes ríos no regulados existentes en Castilla y León. Actualmente el proyecto de la presa de Castrovido III (una vez superado el proyecto del pantano de Retuerta) puede acabar con su régimen hídrico natural. Un régimen que hace que muchos inviernos su cauce se vea rebasado, dando lugar a pequeñas inundaciones de la llanura aluvial en su parte baja. También sufre pertinaces estiajes, acrecentados sobremanera por la extracción excesiva de agua para riego que se realiza. Como nos han demostrado muchos ríos, tanto leoneses como del resto de España, la futura presa puede afectar de tal manera al ecosistema acuático que no me extrañaría que diezmase a medio plazo las poblaciones de ciprínidos y la fauna macroinvertebrada, para con el paso del tiempo reducir drásticamente también la población truchera. En tiempos donde se tiende al desarrollo sostenido este proyecto parece basado en intereses meramente económicos. La creación de la gran zona regable del Arlanza no concuerda mucho con la filosofía actual, que parece insistir en la preferencia por la modernización del regadío, en detrimento de la creación de nuevas grandes zonas de riego. Respecto al objetivo de controlar las posibles avenidas, resulta urgente una mejor ordenación del dominio público hidráulico en sus riberas.

Sin embargo, el río de momento se resiste a someterse al capricho humano. Su nacimiento en Fuente Sanza, Quintanar de la Sierra (en plena Sierra de Neila), es la surgencia más importante de los considerables acuíferos calizos que existen en la zona, y relativamente próxima al nacimiento del río Duero. Se trata de un río que en su parte inicial posee los cotos trucheros de Covarrubias y Cascajares, este último compartido con su afluente el Pedroso, pero es a partir de la ciudad ducal de Lerma donde el río se relaja y los ciprínidos -bogas, cachos y barbos comunes- se hacen abundantes. Tras recorrer aproximadamente 130 km se le une el Arlanzón y poco más tarde entrega sus aguas al Pisuerga.

A su orilla quedan paisajes como el del monasterio de San Pedro de Arlanza, considerado la cuna de Castilla, ya que fue elegido por Fernán González y su esposa Doña Sancha como lugar de enterramiento, siendo posteriormente trasladados a la Colegiata de Covarrubias. Entre Hortigüela y el nombrado Covarrubias se sitúa el desfiladero del Arlanza, paraje donde el río discurre sinuosamente, rodeado de impresionantes paredes rocosas repletas de oquedades que proporcionan a la avifauna excelentes refugios, y que posee uno de los sabinares mejor conservados de Europa. Son también de mención el claustro románico de Santo Domingo de Silos y los páramos y valles del Cerrato Palentino.

Los barbos
A lo largo de estos años y después de pescar barbos en diferentes lugares, tengo que reconocer que el comportamiento de estos peces puede ser muy diferente de unos ríos a otros. En algunos sitios apenas se les ve en aguas poco profundas o mosqueando en superficie, pero esta vez estamos ante un río donde se muestran agradecidos con el pescador, pescaremos a pez visto para tener posibilidades de éxito.

Desde luego la mejor hora para intentar su captura es el amanecer. Las playas de canto rodado donde los barbos hociquean removiendo piedras y que tienen poca profundidad son ideales para comenzar la pesca. Si vemos remolinos, sus colas o lomos, mejor que mejor. A esas horas, con la sombra en el río, se muestran confiados, acercándose tanto a la orilla que parece increíble en un pez tan cuidadoso.

Siempre he creído que la pesca del barbo a mosca tiene dos problemas. El primero son los desplazamientos erráticos o semierráticos del pez (las truchas están quietas en sus posturas), no sabes hacia donde se dirige y ésta es una pesca de precisión.

El segundo problema es el efecto grupo. Nuestros amigos suelen moverse siempre en compañía y claro, si uno nota algo raro se lo trasmite a al resto, el nerviosismo se extiende como la pólvora gracias a su desarrollada línea lateral. Además complica las decisiones porque siempre hay uno mayor que los demás y cuando clavemos uno el resto se espantarán. He comprobado que se vuelven un poco más agresivos si van en grupo, pero también es cierto que los más pequeños son los más imprudentes y esto dificulta la captura de los ejemplares grandes, que en este tramo rondan los 2,0-2,5 kg.

La pelea: cruzar los dedos
La lucha generalmente se compone de una arrancada espectacular, muchas veces desde la orilla donde el pez ha sido clavado, y que puede acabar sacándonos toda la línea y algo de backing si busca refugio en la orilla contraria de una de las anchas tablas que tiene el río. Utilizando cañas ligeras de línea 3 o 4 esta arrancada no la freno, sino que coloco la caña horizontal para que la resistencia sea mínima y sigo su trayectoria cruzando los dedos. Poco después el pez se suele parar en una zona profunda donde se siente más protegido, es ahora cuando empiezo la lucha caña en alto, cansándolo. Cuando se acerca suele dar unos tirones más que sacan algunos metros, pero que no tienen la fuerza inicial. Es el momento de desanzuelarlo y librarle del mal trago que se está llevando.

Una situación especial se nos presenta cuando pescamos a mosca seca sobre peces que se encuentran muy cercanos a la superficie en zonas de aguas profundas. Entonces las posibilidades de que el barbo tome algo que caiga cerca de él son altas, supongo que debido a que no recibe estímulos del fondo del río y la caída del insecto le atrae poderosamente.

Nervios de acero
Estos tipos de pesca requieren nervios de acero. Muchas veces nuestros amigos se aproximarán lentamente a la mosca, la mirarán y remirarán y de repente se decidirán a tomarla muy lentamente; entonces hay que esperar a que realmente la atrape. Su boca está diseñada para comer en el fondo, no en superficie, y algunos ejemplares pueden fallar varias veces a la hora de atacar una mosca seca. Si el examen está siendo demasiado minucioso puede ser conveniente mover muy ligeramente la mosca de manera que se produzcan pequeñas vibraciones en el agua, como si el insecto estuviera atrapado en la película, no recomiendo realizar largas tracciones que desplacen mucho la mosca. Ya sabéis: ante todo mucha calma.

La verdad es que las zonas donde el agua se acelera formando chorreras son más difíciles de pescar, es como si los peces se pegaran al fondo concentrados en aguantarse en la corriente y remover las piedras que les quedan cerca, siendo muy difícil que se desplacen detrás de una ninfa, por despacio que ésta navegue. En los amaneceres, según va saliendo el sol, se refugian donde todavía las sombras son las dueñas, y según avanzan las luces se les puede ver evitando las zonas demasiado iluminadas, que buen seguro les deben parecer más peligrosas.

Como podéis imaginar esta pesca se desarrolla cómodamente a finales de verano y principios del otoño, con el río sumergido en un profundo estiaje que nos permite localizar los barbos recorriendo su orilla. Una vez que tengamos localizada una buena playa de piedras donde les hayamos visto podemos volver al mismo sitio los días siguientes, ya que se tratará de una zona frecuentada habitualmente que nos permitirá medirnos más de una vez con nuestros nobles adversarios.
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Foro(s) asociado(s) a esta noticia:

  • Los señores del paraíso

    Últimos comentarios de los lectores (1)

    369 | yosua - 22/03/2009 @ 14:51:42 (GMT+1)
    Esta noticia me a resuelto muchas dudas
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