Ciprínidos
Cómo sondear los fondos
Última actualización 01/06/2006@00:00:00 GMT+1
La mayoría de las veces llegamos a un pantano, colocamos nuestro trípode, alarmas, péndulos, y lanzamos las cañas en mitad del agua o lo más lejos que somos capaces de llegar, sin pensar qué puede haber debajo de la superficie y en concreto en el lugar donde han caído nuestros cebos. Ayudarnos de un plomo para sondearlo puede ser el arma perfecta para saber dónde pescamos
Si somos afortunados, el emplazamiento escogido tendrá alguna característica especial que lo haga apto para ser un buen puesto de pesca e incluso podamos capturar algún pez. Pero si no tenemos tanta suerte y estamos lanzando nuestras cañas en una vasta extensión de agua sin ninguna particularidad específica que la convierta en un lugar frecuentado por las carpas, ¿qué haremos? ¿Nos quedaremos mirando cómo pasan las horas sin pescar nada, o prestaremos atención a otra zona, más sensible a ofrecernos capturas y que ni siquiera nos hemos dado cuenta de que estaba allí?
Si nuestra idea es frecuentar un lugar (río, pantano, lago, etc.), no estaría de más que perdiéramos un poco de tiempo en comprenderlo y aprender sus características principales, así como su morfología. Pero no sólo los obviamente visibles, sino también aquéllos que se escapan de nuestra visión por estar por ejemplo bajo el agua, como zonas con fango o cenagosas, pedregosas, llenas de algas, con obstáculos sumergidos como troncos, cauces de río, etc. Tenemos que poder descubrir por dónde patrullan las carpas, dónde comen, dónde descansan...
Constantemente hemos dicho que la localización de las carpas es la clave del éxito, pero no siempre o no en todos los embalses las carpas se muestran con facilidad, dificultando el poder observar sus pautas de conducta. Llegados a este caso podemos empezar la casa por el tejado y en vez de intentar localizar a las carpas puede resultar más fácil estudiar qué lugares de nuestro embalse pueden ser los preferidos por ellas para efectuar las acciones antes enumeradas.
Cuando llego a un embalse nuevo me gusta caminar por sus orillas, si es posible hablar con otros pescadores, e informarme con ellos tanto como pueda o quieran contarme. Durante las primeras jornadas suelo pescar en distintos emplazamientos, no me quedo en un sitio fijo, pudiendo de esta forma confeccionar un mapa del embalse y de su fondo. Cuanto más conozcamos el pantano, más peces atraparemos.
Todos sabemos que las carpas son peces desconfiados e incluso asustadizos, y que prefieren estar en zonas donde encuentren cierta protección. Muchas de esas zonas, como árboles, juncos, bancos de algas, zonas con rocas, etc, pueden ser vistas si sobresalen del agua. Pero cuando esto no ocurre, se hace necesario el uso de montajes con plomos para fondear, y flotadores o boyas marcadoras.
Cómo sondear
Una vez que tengamos la caña y el montaje preparado, visualizamos la zona que queremos explorar y lo lanzamos, esperando hasta que notemos que el plomo ha tocado el fondo. Lo primero que hay que hacer es medir la profundidad utilizando un tope de boya o un nudo de pesca a la inglesa, que moveremos hacia arriba o abajo sobre la línea principal hasta que nos permita ver la boya aparecer sobre la superficie y marcando así los metros exactos de profundidad. Contaremos los segundos que tarda el plomo en caer hasta el fondo, pintando de distintos colores la línea principal, por ejemplo cada 2 o 3 metros de un color, etc.
Una vez conozcamos la profundidad, no hay que olvidarse de tener una libreta a mano para apuntarlo todo. Personalmente empiezo a recoger lentamente y comienzo a notar todas las señales que percibo a través de la línea mandadas por el plomo.
Interpretar las señales
Dependiendo de qué nos transmita nuestro plomo mientras es arrastrado suavemente por el fondo de un embalse, nos estará diciendo por qué tipo de suelo está viajando. Una clasificación muy rápida y somera sería la siguiente:
Si lo que sentimos es un rebotar suave pero firme, estaremos atravesando una zona de arena o tierra compacta. Si al recoger la resistencia va en aumento, estaremos sobre cieno o fango. Si sentimos mucha resistencia y de repente se suelta, nos estaremos desplazando por una zona de hierbas o algas. Y finalmente, si notamos un ruido hueco al rebotar nuestro plomo, es muy probable que estemos en una zona de rocas o piedras.
A simple vista puede parecer sencillo, pero notaremos muchas más cosas que las mencionadas y sólo con la práctica alcanzaremos un nivel adecuado de interpretación de dichas señales.
Pero aún se puede afinar un poco más con las señales que podremos apreciar:
Si el fondo del pantano va siendo menos profundo conforme se va acercando el plomo, notaremos un aumento de la resistencia al recoger y éste será proporcional a la inclinación (a mayor inclinación, mayor resistencia). Si verificamos la profundidad en varios puntos a lo largo del trayecto podremos confirmar este punto.
Del mismo modo, si la profundidad aumenta al acercarse el plomo, notaremos muy poca resistencia ya que éste va descendiendo por la pendiente. A veces podemos encontrarnos que al recoger el plomo presenta resistencia, luego disminuye levemente y a continuación no presenta ninguna. Esto nos indica pequeñas elevaciones del terreno bajo el agua.
Si al lanzar la caña y dejar que el plomo toque el fondo nos disponemos a recoger y nos cuesta trabajo liberar el plomo, estamos en una zona de fango. Podemos determinar el espesor de la capa de fango en función de la fuerza que tengamos que ejercer para liberar el plomo. Si cada vez que el plomo se entierra entre recogida y recogida nos cuesta mucho liberarlo, será porque el espesor de fango es grande. Y por el contrario, si al recoger notáramos como si se pegara al fondo pero se despegara fácilmente, es una capa ligera.
Si al recuperar notamos muchas y diminutas vibraciones, pero el montaje se mueve libremente, estaremos en una zona de grava.
Un fondo arenoso puede parecerse a un fondo con una leve capa de fango, pero podremos distinguirlos porque al empezar a recoger la resistencia en el fango será mayor que en la arena.
Si el fondo presenta vegetación también notaremos resistencia al recoger. El grado dependerá de la clase y cantidad de hierbas presentes, pero si es difícil conseguir una suave recuperación y el montaje parece quedarse atrapado necesitando aplicar bastante fuerza para liberarlo, es muy probable que haya presencia de algas. Por ello, la hierba puede ocasionar fallos en nuestras conclusiones, pero si encontramos mucha resistencia sin cambio de profundidad, la hierba es la causa más probable. Sin embargo si utilizamos correctamente la configuración del montaje B, nuestra boya no debería enredarse demasiado solventando así este problema.
Cuando estemos rastreando el fondo en una zona de hierbas o algas, podemos encontrarnos con espacios repentinos sin resistencia, seguidos otra vez de fuerte resistencia. Podemos lanzar varias veces en la misma zona para cerciorarnos, pero posiblemente habremos encontrado un claro entre la vegetación. No desaprovechéis ese regalo y señaladlo con una boya marcadora, o incluso marcando la distancia en nuestro carrete con un rotulador o mediante el uso del magic marker porque seguro que ese claro entre hierbas será un lugar excelente para colocar nuestro cebadero, ya que es una zona que las carpas tienen para alimentarse.
Refrendar este proceso cuantas más veces mejor y en cuantas más zonas sea posible, ya que cuanta más información tengamos más fácil será pescar una de esas preciosas carpas.
Buscad cambios repentinos en el comportamiento del plomo. Esto nos indicará dónde hay un claro de arena o grava entre grandes áreas de fango o barro. Estos sitios son nuestros objetivos. Una franja clara de arena o grava entre una cama de hierbas o algas puede ser un excelente sitio para que una carpa se alimente, y por ende un lugar ideal para poner nuestro cebadero. Una cama de algas sin embargo puede ser el sitio perfecto para que las carpas descansen, pero los márgenes de ésta son típicas zonas de alimentación. Cada vez que encontremos uno de estos sitios u obstáculos deberíamos lanzar nuestro montaje de nuevo para medir la profundidad y comprobar que no nos hemos equivocado. Tomad nota de todo. Diferentes profundidades atraerán carpas en diferentes épocas y temperaturas. Una elevación poco pronunciada o depresión poco profunda atraerán peces en clima tibio, mientras que una poza o depresión profunda puede hacer lo mismo en los meses más fríos.
Gastad vuestro tiempo en confeccionar un mapa de vuestro embalse favorito y, gradualmente, a lo largo de varias sesiones empezaréis a comprender las rutas de movimiento así como el patrón de conducta de las carpas del mismo, mejorando vuestro índice de capturas.
El trabajo con sonda electrónica
Todo este laborioso proceso se podría realizar muy cómodamente con el empleo de una barca o bote, y la inclusión de una sonda. Bastaría con navegar por todo el embalse y dibujar sobre nuestro mapa todo lo que nos va cantando la sonda. Luego sólo nos queda poner nuestras “H” y ya lo tenemos todo hecho.
Pero como por desgracia no todo el mundo puede disfrutar de los privilegios de poseer una barca, tendremos que realizar toda la labor a mano, aunque ya podemos disfrutar de sondas inalámbricas que nos pueden ser muy útiles para ahorrar algo de tiempo.
Teniendo en cuenta todas estas consideraciones, nos será fácil escoger qué zona será la más indicada para tener capturas en cualquier momento del año. Sabremos qué montaje será el más adecuado en función del fondo que nos vamos a encontrar, podremos cebar en zonas más concretas y con mayores posibilidades de éxito que hacerlo en zonas más extensas sin conocimiento de causa, e invirtiendo más tiempo y dinero. En definitiva, tendremos un mayor control sobre lo que acontece en nuestro embalse, capturas incluidas.