Hemeroteca :: 01/04/2006
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Predadores

Técnicas para coberturas flotantes

Última actualización 01/04/2006@00:00:00 GMT+1
La pesca en apostaderos flotantes es una de las más exigentes y efectivas con el black bass. El pescador emplea en ella lances imposibles, templa los nervios y busca a este centrárquido en lugares espectaculares. Estos son algunos secretos y distintas formas de aproximación para estos “balnearios” del bass.
En realidad la pesca en este tipo de posturas es muy parecida a cualquier disciplina de superficie. Se está en todo momento observando al señuelo y nueve de cada diez veces podremos disfrutar del regalo de la bella picada de un bass a pez visto.

A pesar de esta teórica ventaja, tiene trucos, y no pocos, ya que en estas disciplinas de corta distancia las carencias o virtudes de un pescador se acentúan más que nunca y los pequeños detalles cuentan mucho. Una cobertura flotante se podría definir como toda aquella estructura de un lago o embalse colocada por el hombre y que tiene la virtud de ofrecer a los peces cobijo, sombra y comida en abundancia. Los tenemos en forma de pantalanes, bombas de agua, pilares, boyas o incluso embarcaciones fondeadas.

Todos estos puntos son para el bass como un hotel de cinco estrellas, una casa atractiva y llena de refinadas comodidades. Podremos probar suerte allí durante toda la temporada exceptuando los meses de invierno, en los que no es el lugar más prometedor para buscar al bass. El mejor momento, sin duda, serán los días en los que el sol caliente con ganas la superficie del agua, siendo las horas centrales del día (de 11 a 14 h aproximadamente) las más adecuadas.

El secreto de la pasión del bass por estos lugares no está en sus atractivas sombras, ni en escapar del calor, sino más bien en su poderoso suministro de comida. Antes se creía que huía de la acción directa de los rayos del sol, al ver su costumbre de colocarse en este tipo de zonas sombreadas. Pero la verdad es que el bass se coloca allí únicamente para cazar y esperar al acecho peces presa, sobre todo percasoles.

Estas presas encuentran en la “obra muerta” de pantalanes, bombas o pilares un selecto menú. Ese verdín tan típico que crece sobre todos los objetos bajo el agua y que es la pesadilla de los marineros al limpiar los cascos de sus embarcaciones, es precisamente lo que buscan estos pequeños peces. Para ellos es como un enorme buffet de comida adherida, repleto de crustáceos, pulgas de agua y otros bichos que pululan por el agua y que allí son abundantes. Así que el bass les espera allí también, siempre que las características de la cobertura se lo permitan.

Peculiaridades de una
cobertura flotante

El requisito imprescindible de estas coberturas para atraer al bass es disponer de aguas profundas a su alrededor. Tanto la perca negra como las presas que se dirigen a ellas prefieren siempre apostaderos con esta característica. Algunos opinan que esto se debe a la mayor concentración de oxígeno o a la posibilidad de una huida fácil hacia aguas abiertas en caso de peligro. Sea como sea, es un patrón que se repite y por ello debemos centrar nuestra atención primero en estos sitios.

Otro factor es el tamaño o la extensión de la misma. Una cobertura grande será siempre más atractiva que una pequeña para todos los animales que forman la pirámide alimenticia. En aquéllas existen más presas y suelen ser también feudo de mayores depredadores. A veces el pescador tendrá que competir allí con el “tráfico”, pero eso no impide que los peces sigan interesándose por ellos. Es posible conseguir buenas capturas incluso al mismo tiempo que bañistas y botes faenan en esa zona, prueba de la fascinante adaptabilidad del bass.

Los pilares o columnas son otro gran aliado. Si la cobertura dispone de postes, cuerdas o cualquier otro objeto que descienda en vertical hacia el fondo, será infinitamente más atractivo para el bass que una cobertura que sólo haga de techo en la superficie. El bass emplea estos pilares para esconderse y camuflarse de sus presas.

Por último no hay que olvidar el atractivo extra de la cobertura natural. En este tipo de lugares no son frecuentes las ramas ni las zonas de cañizo, y acostumbran a estar limpios de escombros para facilitar en ellos los trabajos del hombre. A pesar de eso, un pequeño árbol sumergido o un grupo de ramas convertirán ese lugar en lo más parecido al paraíso para el bass, la cobertura perfecta. De hecho, en países como Estados Unidos, donde son frecuentes las urbanizaciones y pueblos enteros que colindan con zonas de pesca en los jardines de sus casas, es muy común plantar varios árboles secos bajo las aguas de los embarcaderos para crear arrecifes artificiales. Este inteligente truco garantiza que ese lugar reciba gran número de visitas y con ello que la pesca sea abundante. Muchos pescadores de competición en este país usan también este truco para crear pequeños santuarios de pesca.

Colocarse ante el apostadero
A menudo los pescadores descuidamos la posición de nuestro bote cuando empleamos técnicas cerca de las orillas o estructuras flotantes. Esto hace que nos echemos encima al primer problema y que no podamos aprovechar todos los lances que esa cobertura nos ofrece. En otras palabras, arruinamos la zona de pesca nosotros mismos, asustando al bass por culpa de ingenuos errores. Un buen truco es tratar de mover los remos o el motor eléctrico siempre a la mínima velocidad, lentamente, y en dirección opuesta al apostadero. Si un golpe de viento nos sorprende, no tendremos que preocuparnos por “apuntar” hacia donde queremos ir, pues ya estaremos bien colocados para esa maniobra de escape. También es más práctico dejarlo encendido a velocidad mínima, para no estar continuamente haciendo el ruido de su encendido y apagado.

Esto es imprescindible y lo que casi siempre se les olvida a los pescadores noveles. Los profesionales, por ejemplo, son muy cuidadosos con este detalle, puesto que es vital para conservar un buen apostadero que quizá podría darles la victoria en un concurso.

Otro procedimiento muy inteligente es tratar que el sol nunca esté a nuestras espaldas, dibujando así una larga sombra encima de la morada del bass. Esto no suele ser tan preocupante en las horas centrales del día, pero puede llegar a ser un problema durante las mañanas, cuado el sol está más bajo. Pensad en ello y colocaros bien, ya que el bass verá perfectamente todos estos detalles cuando se encuentre bajo una de esas coberturas flotantes, quieto y suspendido, observando todo lo que sucede a su alrededor. No lo dudéis. Cuanto más sepáis dominar vuestra embarcación, más fácil resultará llenarla de peces.

Lances y nervios
No nos podemos olvidar de cómo conseguir mayor destreza en los lances. La pesca en este tipo de coberturas requiere sin duda un gran dominio del equipo para colar el engaño en el lugar exacto. Si realmente queréis mejorar al respecto, será necesario ser muy pacientes y tratar de mantener la calma en todo momento. Nadie nace enseñado, ni con una puntería natural sin antes haber pasado tiempo acostumbrándose a este tipo de maniobras. Es más, los mejores lances siempre aparecen cuando el pescador esta más relajado y con menor presión, lanzando los engaños con fluidez.

Un buen consejo es evitar al principio las cañas duras y las líneas de alta gama como los fluorocarbonos. Estos materiales tan sensibles, que transmiten al pescador cada detalle de lo que sucede al final de la línea, son los más complicados de dominar y no son muy prácticos en este tipo de lances de fantasía.

Empezar primero con una caña y línea menos exigente y flexible, que os permita adquirir el tacto necesario para poco a poco ir puliendo todos los detalles. Cuando estéis frente el punto o zona más atractiva del apostadero, procurar no poneros nerviosos y prestar más atención a la posición de vuestra embarcación que al propio lance. Si falláis el tiro, siempre habrá una segunda oportunidad y mucho tiempo para investigar cada hueco de esa zona querenciosa.

Por último, recordar que la precisión nunca es igual en cada jornada de pesca. Habrá días en que todos los lances os salgan perfectos y otros en que parecerá que hayáis perdido ese tacto especial. Por ello, daros cierto margen a vosotros mismos y recordar que si no es en ese lance, será en el siguiente cuando consigáis engañar a un buen ejemplar.

Ni el mejor de los profesionales se libra de fallar muchos lances en una jornada de pesca. Lo importante es insistir para dar tiempo a que la suerte aparezca.
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