Mi rincón favorito
Sobreviviendo al paso del tiempo
Última actualización 01/04/2006@00:00:00 GMT+1
Sería contraproducente pensar que nos encontramos ante un coto espectacular. Es mucho más adecuado a la realidad esperar, por contra, todas las ventajas y desventajas propias de un acotado. Pero con una excepción: el paso de los años no ha afectado a este tramo, y se mantiene erguido y superviviente en medio de un clima de desaparición de otros cotos antaño fructíferos. Y mientras eso sucede, Orozko sin muerte goza de una buena población truchera y capturarlas sólo dependerá de la suerte.
Pocos son los cursos de agua trucheros del País Vasco -y de tantas otras regiones- en los que en la última década su interés deportivo no ha decaído o desaparecido en el transcurso de pocos años. La presión pesquera, años de sequías y la degradación de los ríos a causa de vertidos y contaminación, pasan una inexorable factura a la población truchera de muchos cauces vascos.
Cotos en su día realmente divertidos de pescar, como Abornícano, Cuartango o Sarría en el río Bayas, Berantevilla en el Ayuda, o Balmaseda en el Cadagua, han desaparecido o son una simple caricatura de lo que fueron. El acotado de Orozko sin muerte -no confundir con el acotado de Orozko- mantiene desde hace varios años unos valores que hacen de él un escenario valorado por muchos pescadores.
Sin embargo, como muchos otros acotados, tiene sus inconvenientes. El principal es que, por las características de su cauce, es un río de poco recorrido al que afectan sobremanera el estiaje y la falta de precipitaciones. Tanto que puede decirse que si el río está bajo de caudal y sus aguas limpias, resulta realmente complicado sacarle unas truchas. Su limitada temporada hábil está condicionada precisamente por este hecho.
El coto tiene una longitud de 3,5 km y una anchura media de entre tres y cuatro metros. Alterna corrientes con pequeños pozos, que son precisamente los que albergan la mayor parte de las truchas que pueblan sus aguas. Si la temporada hábil es limitada, aún lo son más las fechas en las que podemos considerar realmente interesante pescarlo, pudiéndose considerar las mejores desde la apertura a mediados de marzo hasta finales de abril. Los riesgos son los lógicos de esas fechas, tales como la existencia de deshielos, bajar muy fuerte a causa de lluvias de abril, hacer frío y no moverse las truchas...
El día perfecto es aquél que aparezca cubierto, templado, con el caudal ligeramente alto y levemente tomado. Es decir, igual que en otros tantos lugares, si bien posiblemente aquí más que en ningún otro sitio. Con aguas limpias, en días luminosos y caudal escaso, al acercarnos a posturas en las que sabemos que están las truchas cebándose, resulta muy complicado presentar una mosca sin que automáticamente dejen de cebarse. Algo técnicamente menos difícil es pescar los pequeños pozos con ninfa, siempre posicionándose correctamente en el cauce y evitando en lo posible aproximarse a la postura.
En mi opinión, la técnica que más truchas nos dará en este acotado es, sin ninguna duda, el estrímer. A pesar de ser un río estrecho y de márgenes muy vestidas en muchos tramos, si el caudal es mayor del habitual las aguas están levemente tomadas y el día cubierto, el estrímer correctamente manejado moverá muchas, muchas truchas en este coto.
Y al decir estrímer me refiero tanto al que podamos lanzar con una caña de látigo, como en especial al que lancemos con una caña de spinning, ya que con ésta última podremos lanzarlo en posturas en las que no sería posible con una caña de látigo. Para hacerlo con una caña de este tipo conviene lastrarlo bien, aunque tampoco en exceso, ya que la velocidad de recogida sería mayor y la motilidad del mismo menos atractiva. Si además utilizamos un hilo fino del 16-18, podremos realizar buenos lances cómodamente.
Moverse por el coto vadeando en algunos tramos con el agua ligeramente turbia es lento e inseguro, en especial en tramos en los que el lecho del río son losas de piedra inclinadas. En ocasiones así, un bastón de vadeo es un buen compañero de pesca.
Las truchas tienen un tamaño medio de entre 25 y 28 cm, aunque se han pescado ejemplares de alrededor de un kilo y en algunos pozos de mal acceso no sería de extrañar encontrarse truchas mayores. En las condiciones descritas, las truchas tienden a embocar los estrímeres con decisión. Cuando hay un menor caudal, mejor la ninfa, sobre todo pequeñas cabezas doradas. Conviene añadir que para sacar un buen número de truchas a seca hay que doctorarse.
Otro inconveniente que tiene este coto es que, por su fisonomía, si ha pasado un pescador por delante nos será muy difícil conseguir capturas, por lo que es preferible hacer un breve reconocimiento del coto desde el coche -fácil y rápido, ya que transcurre junto a la carretera en casi todo su recorrido- para elegir adecuadamente el tramo a pescar.
Generalmente el tramo más pescado es el de la mitad superior del coto, mientras que la mitad inferior, más vestida y con una menor densidad de truchas -y aún así interesante-, soporta una menor presión pesquera. En momentos de actividad en superficie, en determinadas zonas aledañas a la carretera y a pesar de lo limitado de las posturas, es común ver media docena de truchas de media talla cebándose con avidez.
Si las circunstancias son idóneas, las caídas de las presas y algunos pozos de mayor tamaño son lugares en los que no es raro que varias truchas se disputen nuestro estrímer. Pero advierto una vez más que es un coto que quien no lo conozca puede pensar tras un día aciago que tiene poca trucha. Sin embargo, hoy por hoy es indudable que goza de una buena población, en parte autóctona y en parte fruto de repoblaciones realizadas años atrás, y de hibridaciones de truchas de diferentes líneas genéticas.
Desde luego no es un coto espectacular, pero si podemos pescarlo sin la presión de otros pescadores, moviéndonos con cierta libertad por el acotado, podemos disfrutarlo. Por último, prestar atención a algunos canales y pequeños afluentes de la zona superior del coto, ya que están vedados y no siempre bien señalizados.