Hemeroteca :: 01/03/2006
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Salmónidos

Analizamos sus comportamientos durante la época pescable

Última actualización 01/03/2006@00:00:00 GMT+1
Estamos en puertas de una nueva temporada de pesca de salmón. A priori no es fácil pronosticar cómo se va a desarrollar la misma, aunque después de la prolífica campaña del año pasado, las expectativas son grandes y las ilusiones de miles de aficionados están intactas. En cualquier caso, no es frecuente que haya dos campañas seguidas buenas, al menos si hablamos de salmones abrileños y mayucos que, precisamente, fueron los que más abundaron el ejercicio anterior. Pero con el salmón atlántico nunca se sabe qué puede suceder.
Aunque la temporada abarca cuatro meses, lo bueno suele quedar reducido a poco más de un mes, siendo éste un factor que varía de unos años a otros. Unas campañas será en mayo -con la llegada de abrileños y mayucos- cuando se pesquen la mayoría de salmones, y otros será a finales de temporada, en el mes de julio, cuando los añales engorden las estadísticas. Saber de antemano qué va a suceder es imposible, y por ello vamos a realizar un recorrido por una hipotética temporada de pesca, indicando las diferentes entradas de salmones y las distintas formas de pescar. También apuntaremos una serie de factores que nos pueden ayudar a tener éxito con los salmones. Siempre teniendo en cuenta que todo esto es pura teoría y que, llegado el momento, serán los propios salmones los encargados de indicarnos cuándo, dónde y en qué cantidad entrarán en nuestros ríos.

Ambiente festivo en la apertura
El período de veda de la pesca del salmón es muy largo, y por ello cuando arranca la nueva temporada todos los aficionados tenemos unas ganas locas de realizar nuestros primeros lances y, principalmente, estar en el ambiente que nos gusta. Hace años el fenómeno no tenía más importancia, y al tratarse de un evento local apenas se reflejaba en los medios de comunicación. Es a partir de principios de los años ochenta cuando la apertura de la temporada de salmón, con la figura del campanu como principal protagonista, comienza a despertar todo el interés que actualmente tiene, destacando, por encima de otros ámbitos, su interés mediático. Hoy día la fiesta de la apertura es cubierta por todos los medios de comunicación audiovisuales, tanto locales como nacionales. Televisiones, radios, prensa y revistas especializadas del sector no faltan a su cita anual con el inicio de la pesca del salmón, llegando a convertirse en uno de los eventos más esperados del año. Comunidades como Galicia o Cantabria tienen mucha importancia en este inicio de campaña, pero es en el Principado de Asturias donde mayor relevancia adquiere la fiesta de la nueva temporada de pesca.

El día de la apertura todos los ríos españoles tendrán un gran ambiente, y miles de aficionados intentarán capturar los primeros salmones de la temporada. Pero el centro neurálgico de esta apertura es, sin duda, la localidad asturiana de Cornellana, a orillas del río Narcea. Allí se celebra, coincidiendo con este inicio de la pesca del salmón, la Feria Asturpesca, dedicada a la figura del salmón atlántico. Este año, dicha feria celebra su octava edición. Todo ello en el incomparable marco del claustro del Monasterio de San Salvador, del siglo XII, en el cual los visitantes podrán contemplar diversos stands con las últimas novedades del sector, nuevos materiales, equipos, etc, al tiempo que verán videos de pesca, cómo se confeccionan las moscas artificiales y, por ejemplo, cómo se hace artesanalmente un cesto para salmones. También se realizan charlas, ponencias, exposiciones y conferencias en los que expertos en la materia abordan la problemática actual de la especie. Un pequeño estanque con truchas de piscifactoría hace las delicias de los más pequeños. Todo ello en un ambiente ciertamente gratificante, tanto para pescadores como para acompañantes o público en general.

Comienzos de temporada
Las condiciones que rodean la pesca del salmón varían mucho a lo largo de la temporada. En los primeros días, incluso meses, encontraremos una serie de factores adversos como la frialdad de las aguas y, principalmente, la escasez de ejemplares. También puede que los ríos estén excesivamente altos de caudal, lo cual dificultará localizar ejemplares.

Los primeros salmones en aparecer son los llamados vernales. Salmones de invierno que, desgraciadamente, cada vez son más escasos. Antaño estos primeros ejemplares de la temporada rondaban los ocho kilos de peso de media, siendo normales los de mayor tamaño. Ríos tradicionalmente tempraneros como el Eo proporcionaban grandes jornadas a los aficionados en los meses de marzo y abril. Actualmente la realidad es muy distinta y apenas hay entrada en nuestros ríos de estos grandes ejemplares, y los primeros salmones del año suelen tener el mismo peso que los de mayo, rondando los cinco kilos. Aunque también es cierto que todas las temporadas se pescan algunos mayores. En cualquier caso, hay que tener presente que en estos comienzos de temporada los salmones no son muy abundantes, más bien todo lo contrario.

En marzo y abril, debido a la mencionada frialdad de las aguas, los ejemplares suelen estar bastante profundos y tienden a aposturarse en las colas de los pozos o en aquellos lugares en que les cueste menos esfuerzo. A menos que se bañen, delatando así su presencia, no será fácil avistar ejemplares. También los grandes remansos que se forman junto a las corrientes son lugares querenciosos en estas fechas. La mejor arma del pescador ante los pocos ejemplares que hay en el río será, sin duda, la paciencia. Aunque no veamos ejemplar alguno, hay que imaginarse que al menos hay un salmón en el pozo y que tenemos que ser capaces de pasarle el cebo o la cucharilla cerca, para lo cual no queda más remedio que tirar el pozo metro a metro. A menos que conozcamos el pozo donde estemos pescando y que sepamos dónde paran, esta es la mejor manera de pescar cuando no se ven los salmones. Pescar minuciosamente un pozo puede llevarnos horas, pero hay que tener presente que estos primeros ejemplares del año suelen picar bien. Es difícil dar con ellos, por su escasez, pero están aún sin malear, y esto es muy importante.

Las técnicas más productivas para este comienzo de temporada serán el cebo y la cucharilla. Las aguas frías harán que la mosca sea poco efectiva, aunque empleando colas hundidas y grandes moscas pesadas se puede realizar alguna captura. Con los ríos muy altos de caudal la cucharilla suele ser el sistema más empleado, ya que no requiere de una técnica muy complicada y cubriremos mucho espacio de río en cada lance.

En estos comienzos de campaña hay un factor importante que los pescadores tienen que tener presente. Especialmente si ha habido buen desove, en el río habrá zancados, salmones ya desovados que, poco a poco, se dejan bajar río abajo con el objetivo de regresar de nuevo al mar para recuperar fuerzas. Si lo consiguen, pueden volver al río con más peso y convertidos en excelentes reproductores. La ley contempla la prohibición de pescar estos ejemplares, pero su debilidad les hace atacar los cebos y cucharillas con facilidad. Si se captura uno de estos ejemplares, hay que devolverlo inmediatamente al agua en las mejores condiciones posibles. El aspecto físico de un zancado poco tiene que ver con un salmón fresco. Suelen estar muy delgados y con las aletas en malas condiciones. Pero la mejor forma de diferenciar un zancado de un salmón fresco la tendrá el propio pescador cuando tenga prendida la pieza. Un zancado apenas presentará batalla y se entregará enseguida, por lo que carece de interés deportivo, mientras un salmón fresco de invierno es un pez lleno de fuerza que nos hará sudar la gota gorda antes de echarlo a tierra. En cualquier caso, es obligación del pescador saber diferenciarlos.

Abrileños y mayucos
A medida que avanza la temporada las condiciones van cambiando, siempre favorablemente. El agua comienza a calentarse, el grueso de los salmones va llegando a los ríos y, poco a poco, irán ascendiendo por los mismos. De finales de abril a principios de junio es cuando se dan las mejores condiciones para la pesca del salmón. Los ríos suelen seguir en buenas condiciones de caudal (aspecto muy importante para que los salmones se decidan a picar) y a lo largo de este período se produce una buena entrada de ejemplares. Son los denominados abrileños y mayucos. Pese a que este factor varía mucho de unas temporadas a otras, siempre se da una entrada de salmones a mediados de mayo. Aunque puede que un año entren muchos salmones en mayo y al siguiente apenas suban ejemplares hasta que está finalizando la campaña.

La mayor alegría del aficionado es que entren estos salmones de primavera. Su peso medio ronda los cinco kilos y desde el punto de vista deportivo son una auténtica maravilla por la fuerza y la bravura con la que se defienden. Si va a ser buen año de salmones de primavera, ya desde mediados de abril las capturas diarias comenzarán a mostrar una cierta regularidad. Además, siempre que el río tenga el agua suficiente, suelen ser ejemplares muy francos a la hora de picar. Si tenemos la suerte de estar en un pozo donde haya ejemplares, contaremos con serias posibilidades de capturar alguno. Muchos de ellos serán salmones frescos, de subida, y éstos son los que mejor aceptarán nuestros engaños. Por estas fechas, también la visibilidad suele mejorar, con lo cual aumentan nuestras posibilidades de localizar ejemplares y pescar a salmón visto. Además, los salmones comienzan a estar repartidos por el río y paran tanto en los grandes pozos como en las corrientes y cabeceros de los mismos.

El cebo seguirá siendo, sin duda, el método más efectivo, pero también la mosca comienza a dar sus frutos, empleando colas flotantes y de punta hundida. Personalmente, en estas fechas y habiendo salmones en el río, prefiero dejar la cucharilla como última opción, cuando las otras técnicas no han sido fructíferas. La paciencia seguirá siendo el mejor aliado del pescador y, a estas alturas, en muchos pozos podemos tener la certeza de que estaremos echando entre salmones, independientemente de que les veamos o no.

Salmones de verano: añales o grilses
Desde mediados de junio hasta que finaliza la temporada la pesca del salmón es una incógnita, siempre dependiendo del nivel de agua de los ríos y de la entrada de añales o grilses. Generalmente, si ha sido buen año de salmones grandes, abrileños y mayucos, no suele ser buen año de añales, y viceversa. Aunque, como todo lo relacionado con el salmón, esto es pura teoría y puede que no suceda así. Lo que sí es cierto es que, en este final de campaña, los ríos suelen estar muy bajos y este factor marcará las pautas a seguir en esta recta final. Salmones, en mayor o menor cantidad, habrá, pero no será fácil engañarles. El poco caudal no ayuda en absoluto, el agua está caliente y además, debido a la presión de pesca, muchos ejemplares estarán pinchados o excesivamente recelosos ante nuestros cebos, creando en ellos mucha desconfianza a la hora de picar. En el mes de julio muchos salmones buscarán las corrientes y espumeros para oxigenarse, o estarán aposturados a media agua en los pozos, lugares donde principalmente deberemos buscarlos. Con seguridad, los ejemplares estarán repartidos por todo el río y las zonas altas ya pueden ser igualmente productivas. A estas zonas los salmones llegan muy estresados, habiendo visto todo tipo de cebos y soportando una presión de pesca brutal, pero también es cierto que son lugares menos pescados, especialmente en ríos como el Narcea, y es posible que los salmones se encuentren más tranquilos, siendo éste un factor muy importante de cara a nuestras opciones de tener éxito.

El cebo seguirá siendo, como el resto de la campaña, el sistema más efectivo. Es conveniente pescar no sólo a fondo, sino llevando nuestro cebo a media agua e incluso cerca de la superficie, veamos salmones o no. La cucharilla a estas alturas de la temporada ya no se puede utilizar y será la mosca otro método muy efectivo, más de lo que en un principio pueda parecer. La mosca en verano mueve muchos salmones. Buscar principalmente las aguas movidas y ricas en oxígeno, como cabeceros de grandes pozos o fuertes espumeros, y aquellas corrientes uniformes que harán que nuestra mosca trabaje en perfectas condiciones. Los salmones viejos (esos ejemplares que llevan cierto tiempo en el río) siempre mosquearon bien y es posible que acepten mejor una mosca que cualquier otro tipo de cebo natural. Las colas flotantes serán suficiente en casi todas las situaciones, y las moscas más comunes las de mediano y pequeño tamaño, sin dejar de lado las artificales desproporcionadamente grandes.
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