Hemeroteca :: 01/02/2006
10/13
Pesca de Mar

Poniendo a punto nuestro equipo

Última actualización 01/02/2006@00:00:00 GMT+1
Invierno y estamos alejados de la costa y del mar. Atrás quedaron los días en que perseguíamos pelágicos desde una embarcación o aquella jornada de palometones, anjovas y poppers en la costa levantina. Nos queda poco que hacer en este tiempo: recordar, preparar la nueva temporada y por qué no, reflexionar acerca de nuestra afición. ¿Qué tal si aprovechamos el invierno, el frío y las ocupaciones laborales que nos mantienen alejados del ambiente marino para teorizar un poco sobre nuestra modalidad de pesca preferida?
También es buen momento para plantear qué pescamos, cómo lo hacemos o por qué. ¿En qué se basa el comportamiento de los depredadores?, ¿qué se entiende por lance ligero?
Las anteriores son preguntas que raramente nos hacemos. Es hora de dejar de lanzar, accionar y recoger nuestros señuelos para plantearnos en qué se basa esta técnica de pesca.
De manera general y aceptada, la pesca al lanzado con señuelos artificiales, ya sea desde tierra o desde una embarcación, es lo que conocemos por lance ligero. Pero literalmente, lo de lance ligero queda algo forzado, pues es posible pescar con señuelos artificiales lanzando artefactos de 100 o más gramos a través de un conjunto de caña y carrete que sobrepasa ampliamente el kilogramo de peso. Tal es el caso de los equipos concebidos para la pesca tropical.

El vocablo spinning ¿a qué se refiere? Lance ligero es grosso modo la traducción castellana del término y éste, en la semántica anglosajona equivale a hilar, a ovillar o a dar vueltas a algo que gira rápidamente. Es probable que la palaba se haya extrapolado a nuestro deporte al igual que lo ha hecho al ciclismo de gimnasio. En nuestro caso sería el girar del carrete en la recogida del señuelo.
¿Dónde se pueden ubicar los antecedentes de la pesca al lanzado con señuelos artificiales? Parece que de manera ineludible a tierras del norte de Europa, a Finlandia, donde allá por 1930 Lauri Rapala tuvo la ocurrencia de fabricarse una imitación de pececillo con la intuición de que capturaría peces mayores. Desde ese día hasta hoy las cosas han evolucionado mucho y, aunque su apellido continúe siendo un referente en la fabricación de señuelos artificiales, la moderna tecnología ha introducido una gran gama de material específico para desarrollar la modalidad que nada tiene que ver con los equipos disponibles en aquellos años primigenios. El abánico de peces a los que presentar un señuelo artificial se ha incrementado, y las cañas, carretes, señuelos, hilos y accesorios disponibles se han multiplicado en calidad y cantidad. En este sentido, cabe decir que el lance ligero tal y como se concibe actualmente se sostiene sobre esos dos pilares fundamentales. Por un lado, la técnica en sí mismo (incluyendo los equipos utilizados) y por otro las características de los peces sobre los que incide la técnica.

Y hablando de peces, ¿cuáles se encuentran dentro del campo de acción de la pesca con señuelos? Siendo estrictos, casi cualquier pez. Todos son en uno u otro momento depredadores y, puestos a ser meticulosos, no hay límites a la imitación artificial de cualquier minúsculo animalillo con rango de presa. Peces de pequeño tamaño como sargos, salpas, doradas, mojarras, lisas, palometas o caballas consumen a partir de su variada dieta algún pequeño bichito que los puede catalogar como depredador. Sin embargo, no son las especies en las que centramos nuestras miradas. Cuando hablamos de lance ligero, nuestros tiros apuntan a aquellos peces que ocupan un puesto preponderante en la cadena trófica. Peces generalmente ictiófagos de mediano y gran porte a los que se puede capturar con imitaciones de otros peces.

El ataque
¿Por qué esa predisposición de un pez a atacar a un señuelo artificial? Por dos razones. En primer lugar, porque le sugiere alimento y, en segundo, porque la presencia de la imitación puede ser considerada como intrusiva y amenazante. La sugerencia de alimento se ve acrecentada por el hecho de que un señuelo artificial es a los sentidos de un carnívoro un pez en situación extraña, algo que se sale de la norma y que encima se mueve de manera provocativa. Un pez herido, enfermo, en apuros. Un depredador será siempre un cazador oportunista que centrará su atención en aquellas presas que le puedan representar una captura sencilla y económica. Imaginemos un cardumen de pequeñas sardinas, en la hora “H” y agrupadas en una actitud claramente defensiva, nadando al unísono y al mismo compás. De repente, varios metros más allá una sardina nada ajena al grupo contoneándose de manera exagerada, armando barullo y obviando la presencia de fauces hambrientas. Se sale de la norma del momento, su nadar no tiene defensa grupal y sus contoneos sugieren que su salud no marcha bien.

Lo mismo ocurre con un popper, un deslizador o un paseante que hace ruido en superficie. Un pez chapoteando en superficie llama la atención. Puede estar desorientado, acosado, en apuros. Esto le convierte en una oportunidad, una fuente de calorías fácil de capturar. En este sentido, la tecnología replica a la naturaleza con criaturas de artificio, en colores, formas y movimientos tan reales en ocasiones como la vida misma e incide en este mundo acuático aprovechando una regla natural y eterna. La selección natural y un principio humano extrapolable en este caso a las criaturas marinas: el principio del mínimo esfuerzo.

La territorialidad
El segundo gran factor desencadenante es la conmoción del instinto. Un señuelo artificial puede ser en ocasiones un ejercicio de provocación sobre un medio natural ordenado. Hay especies depredadoras que en ocasiones no atacan a sus presas por una cuestión meramente alimenticia, sino porque en su territorio irrumpe un intruso que se mueve ajeno a su presencia y de manera atrevida. A menudo les inquieta la transgresión, y en algunos casos supone una amenaza para sus puestas o alevines, por lo que la respuesta es el ataque. Este comportamiento territorial es más acentuado en las especies sedentarias (generalmente demersales), que viven apegadas a un espacio más o menos acotado en función de su biología y características naturales.

Los pelágicos no acusan este sentido de la territorialidad, al menos en nuestros ámbitos de acción. Nadan el océano en función de su ciclo vital y la necesidad de alimento.

Estos son probablemente los dos factores fundamentales que marcan el comportamiento de los peces ante nuestros señuelos. Pero que nadie crea que en cualquier momento y en cualquier lugar donde exista un depredador habrá una picada porque el animal en cuestión se sienta irresistiblemente hambriento o las evoluciones de nuestro señuelo atenten contra la paz de su espacio. Los animales marinos que perseguimos se encuentran inmersos en una dinámica natural a menudo incomprensible para nuestro conocimiento, y su comportamiento depende mucho de cuestiones relativas a la oceanografía y a la biología marina: estacionalidad, temperatura del agua, circunstancias climáticas, mareas, períodos solunares, ciclos diarios o anuales, estado de la mar. Todos estos factores condicionarán los biorritmos de actividad de cada especie.

Hasta aquí hemos dado las pinceladas básicas que nos conforman el cuadro de lo que pescamos: los peces. Pasemos ahora al segundo gran pilar sobre el que se sustenta nuestra modalidad de pesca favorita.

Los fundamentos técnicos
¿Qué tipo de equipos necesitamos para pescar a lance ligero? No precisamos un arsenal de cosas, pero la sencillez no va reñida con la sofisticación en este caso. En cuanto a la caña, una de las prerrogativas principales es el tamaño, no superior a los 3,60 metros salvo casos específicos, estando el tamaño estándar entre los 2,40 y los 3 metros. ¿Por qué? Estamos ante una pesca activa que se desarrolla imprimiéndole vida a un señuelo por lo que sería difícil de conseguir con una caña más larga. El contacto con el artificial es importante en todos los casos y se vería mermado desde el momento en que usemos cañas excesivamente largas. Por otra parte, en muchas ocasiones esta pesca requiere precisión y el lance de señuelos convencionales es más eficaz con cañas de longitud más corta. Otra cosa sería el buscar distancia de lance con señuelos específicos. En este caso, los parámetros de tamaño pueden variar.

Otra de las características que adornan a una caña de spinning es la acción. Ésta siempre será como mínimo medio-rápida. Se desecha la acción parabólica y se estima como más adecuada la acción rápida o de punta. Perseguimos a peces de fortaleza reconocida, entrados en kilos la mayoría de las veces y necesitamos una vara de carácter rígido que nos permita acometer la pelea con garantías. Una caña de acción rígida garantiza además un buen clavado y posibilita de nuevo un mejor manejo del artificial. Por lo demás, la robustez indica el predominio de cañas de dos o tres tramos (cañas de viaje aparte), enchufables y nunca telescópicas. La pesca a lance ligero en el mar puede llegar a ser algo extrema y es mejor que el equipo sea de una pieza, en este caso dos o a lo sumo tres por razones de comodidad y transporte.

En cuestión de carretes el tema es algo más cerrado. Buscamos robustez en la mecánica interna, buenos materiales que garanticen resistencia a la corrosión del agua marina, un ratio de recuperación igual o superior a 5,1:1, un buen sistema de frenado y el bobinado del hilo en espiras cruzadas como premisas fundamentales. La robustez incide directamente en el uso continuado en una pesca que precisa lance y recogida continuos, y se convierte en estresante para el equipo y para determinados elementos del carrete como pick up, guiahilos, freno y manivela. La idoneidad técnica recomienda que estos elementos mecánicos procuren el antirretroceso infinito, la presencia de rodamientos en el guiahilos, el cierre manual del pick up y la sobredimensión del pomo de la manivela.
¿Tamaños? Desde los modelos 2500-3000 para pesca ligera contra animales llamémosles “ligeros”, hasta carretes 6000 u 8000 para lanzar señuelos de cierta consideración buscando animales entrados en carnes y fuerza. En la consideración mediana, los modelos 4000 son quizás el tamaño estándar y permiten equilibrar equipos con mayor facilidad. Conseguir estas características implica en muchas ocasiones pasar a adquirir equipos de gama media y alta (nada o poco económicos) pero la pesca en agua salada es exigente con los equipos y merece la pena realizar una inversión mediana inicial. Hay que recordar que en el fondo, el spinning en el mar es una especie de Big Game en miniatura, y que agua salada y corrosión mecánica suelen ir de la mano. Busquemos material a prueba.

En cuanto a las líneas, los precursores del lance ligero en el mar usaban monofilamento como línea madre para rellenar carretes con diámetros del 0,25; 0,30 o 0,40 en los casos más extremos. Con la aparición de las líneas trenzadas y los modernos fusionados, el uso del nailon primigenio ha quedado para ocasiones muy especiales y para pescas muy ligeras y específicas. Pero ¿por qué líneas trenzadas en vez del monofilamento de toda la vida? Porque a igual diámetro mayor resistencia, porque la elasticidad es cero (lo cual redunda positivamente a la hora de clavar el pez y manejar el artificial) y porque su contextura permite mejorar la distancia del lance. Su menor invisibilidad y el hecho de no soportar bien la abrasión se soluciona colocando entre línea madre y señuelo un terminal o leader de monofilamento y longitud adecuada. Las líneas multifilamento, al ser mucho menos rígidas, pueden provocar enredos en la acción de lance y presentar deterioro con el uso. Elegir un carrete tolerante con líneas trenzadas, realizar un bobinado correcto, asegurar el normal paso por las anillas de la unión del leader con el trenzado, y confiar la calidad de este último a una marca de solvencia nos ahorra dolores de cabeza y tiempo en desenredar pelucas.

Dónde, cómo y cuándo
El dónde varía en función de la geografía de cada lugar. Así como en el Levante y sur de nuestro país predomina la costa baja y llana dominada por ambientes marinos arenosos o fangosos propios de desembocaduras, con una plataforma continental amplia y poco profunda, en el norte será la costa abrupta y escarpada la nota predominante. En Canarias, en función de cada isla podemos encontrarnos con diferentes ambientes, pero el carácter oceánico del archipiélago siempre dará a sus aguas una profundidad añadida y cercana a la costa que contribuyen a aumentar las posibilidades de la fauna depredadora disponible.

Si me preguntan por el dónde, yo digo que no dejo de acudir a puntas, cabos o salientes prominentes, a las zonas más profundas que queden a tiro de señuelo, a las playas abiertas y poco antropizadas, a zonas de desembocadura de aguas naturales, a los ambientes portuarios (especialmente si se produce trajín pesquero profesional a diario o de temporada) y a las escolleras artificiales. Y para responder al cuándo, si nos referimos al momento del día, serán el amanecer y el atardecer -los de poca luz- los tradicionalmente más productivos. La caída de la luminosidad estimula la actividad de los cazadores y las picadas a nuestros artificiales serán más prolijas. El resto de horas del día puede depararnos capturas dependiendo de cada lugar, de una especie concreta, condiciones de marea y de puntuales circunstancias ambientales.

Respecto a la estacionalidad, en cada región pueden darse variaciones locales de la tendencia, pero de manera general será el aumento de la temperatura del agua y la nueva freza primaveral lo que marque el inicio de la temporada para el lance ligero. Otro aspecto que incide en el cuándo es el que hace referencia a los períodos solunares. Los días de plenilunios parecen ser especialmente productivos. Los movimientos de la masa de agua en estas ocasiones son muy intensos, y movilizan a la cadena alimenticia en virtud de corrientes y mareas. ¿Cómo? Aplicando los cuatro conceptos básicos que hacen referencia al lance, al montaje del artificial, a la recogida y a la elección del señuelo. El “ABC” de la acción de pesca: lanzar y recoger esperando una picada. Pero la elección del señuelo, la velocidad de recogida y la orientación del lance, dependen de algo mucho más difícil de conseguir: nuestra capacidad de pescar poseyendo sentido del agua. Algo difícil de lograr y que se adquiere con la experiencia, procesando de manera práctica la información disponible referente a nuestros contrincantes y su mundo, intentando intuir lo que se cuece un par de metros por debajo de nuestro señuelo, echando mano de la memoria y repitiendo lo que funcionó una vez en un lugar en circunstancias idénticas, Innovando, probando nuevas cosas.

Con el tiempo, si hemos aprendido algo, las salidas de pesca improductivas se reducirán, sabremos a qué lugar ir en determinados momentos y épocas del año, qué señuelo poner ese día y a dónde lanzarlo. Seremos el otro cazador, el que no actúa tanto por instinto como por bagaje cultural. El depredador de depredadores.

Hemos tratado de resumir lo más posible y abordar los aspectos básicos sin profundizar en aspectos técnicos concretos que harían interminable este escrito. A la temporada en la mayor parte del país le quedan aún un par de largos meses para iniciarse. Con ella vendrán de nuevo las posibilidades y las emociones, los días de mucho y las jornadas de nada. Al menos podremos tener más claro qué pescamos, con qué lo hacemos y en qué circunstancias. Algo es algo
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