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Bienvenidos al paraíso mosquero
Última actualización 01/02/2006@00:00:00 GMT+1
Un coto puede convertirse en paraíso de mosqueros cuando es capaz de ofrecer calidad y buen tamaño en las pintonas, verde naturaleza en el entorno y combinación perfecta entre tablas profundas y cabeceros más rápidos. Si cumple estas características, bien merece la pena darse una vuelta por sus aguas.
Desde el punto de vista piscícola, la provincia de León siempre se ha caracterizado por ser uno de los mejores destinos de nuestra geografía para la pesca de la trucha común. Muchos kilómetros de aguas trucheras y calidad y tamaño de las pintonas, son algunos de los motivos que hicieron de esta tierra un paraíso de pesca. Pero entre todo el entresijo de ríos y cotos siempre han brillado algunos con luz propia, principalmente por el tamaño de las truchas que albergaban sus aguas.
Es el caso de El Condado, uno de los cotos míticos de la provincia de León. Su fama le venía por la cantidad y el tamaño de sus truchas, pero también por el magnífico escenario por el que discurre. Hoy día, por desgracia, la realidad es muy diferente y las aguas del Porma no han podido evitar el implacable declive que actualmente están padeciendo las poblaciones trucheras de la provincia. Aun así, escenarios como El Condado II son de los que todavía merece la pena pescar y donde aún es posible capturar ejemplares de envergadura.
Un poco de historia
Tradicionalmente el coto de El Condado comenzaba aguas arriba de San Cipriano del Condado, para después de un largo recorrido de algo más de 10 kilómetros llegar a su límite inferior en el pueblo de Villimer. Hace varios años el coto quedó dividido en dos partes, más o menos iguales en cuanto a extensión. Por un lado El Condado I, desde la parte superior hasta el desagüe de la piscifactoría de Castrillo de Porma. Dicho tramo es gestionado en la modalidad tradicional, es decir, con muerte los días hábiles, y sin ella los jueves y los meses de septiembre y octubre. Por otro lado, en el caso que nos ocupa, El Condado II, con un recorrido que va desde el citado pueblo de Castrillo hasta Villimer. Aunque se le puede considerar coto sin muerte, tiene una reglamentación especial.
En los años dorados del Porma, la mejor zona era la que hoy día pertenece a El Condado I. Pero también este aspecto ha cambiado significativamente y hoy es la parte baja, El Condado II, la que mejores opciones de pesca nos ofrece. Es por ello que se ha convertido en uno de los cotos más solicitados de la provincia de León y, a poco que la suerte acompañe, podemos pasar una buena jornada de pesca, basada más en el tamaño de sus truchas que en la cantidad de las mismas.
Hecho para la mosca
El sueño de cualquier pescador de mosca es un río lleno de grandes pintonas, rodeado de chopos y alisos, con profundas y lentas tablas abundantes en vegetación, y sucedidas sistemáticamente de cabeceros de aguas más movidas y menos profundidad. Si, además, en algunas zonas el río se bifurca en ganchos o brazos, mejor. Éste es El Condado II que, aun sin estar lleno de truchas, tiene una más que aceptable cantidad de pintonas, y con un curso bajo del Porma (por donde discurre el coto) que parece especialmente diseñado para pescar con mosca, bien sea con látigo, a la leonesa o con mosca ahogada.
Sin embargo, en la actualidad el río cuenta con un gran handicap. En mayo, cuando comienza la época de riego, son abiertas las compuertas del pantano del Porma y el caudal sube bastante su nivel. Por supuesto, queda pescable, pero muchas zonas no podrán ser dominadas con facilidad y no será vadeable en muchos de sus puntos. Y lo peor de todo, la frialdad de las aguas hará que las truchas no muestren todos los signos de actividad que debieran llegadas estas fechas. Estas sueltas suelen prolongarse hasta entrado el mes de septiembre, por lo que aunque pesquemos el coto en el mes de junio, julio o agosto, nada tendrá que ver con hacerlo en otros muchos ríos en las mismas fechas. Aunque en León ya son costumbre estos desmadres del cauce en muchos de sus ríos.
Casi por norma general, se puede decir que cuanto más nos acerquemos al límite inferior, menos cantidad de truchas veremos. Pero es igualmente cierto que en esta parte baja podemos encontrar algunos de los mayores ejemplares del coto. Comenzando en su límite inferior y hasta el puente donde se toma agua para el canal de la margen izquierda del río Porma (situado aguas abajo de Secos) tenemos aproximadamente 2,5 km en los que grandes tablas y pozos se alternan con buenas corrientes. Sin duda, estos grandes pozos guardan truchas de un tamaño más que aceptable, pero podemos pasar largos ratos pescado una de estas tablas y no ver ningún signo de actividad.
Especial atención merece un pozo ubicado a mitad de este recorrido (en su margen izquierda y con unos troncos sumergidos) y la tabla inmediatamente superior (también en su margen izquierda), pues ambas zonas suelen proporcionar buenos ejemplares. Estar atentos al llegar al salto de agua del puente, ya que, según la legislación vigente, 50 metros aguas abajo y aguas arriba de dicho salto no está permitido pescar. Pese a estar bien señalado este pequeño vedado, hay que tenerlo en cuenta. Justo por encima del salto hay una enorme tabla de aguas lentas, muy difícil de pescar por su envergadura y profundidad, y en esos 50 primeros metros vedados suelen verse magníficas truchas dándose un festín con moscas y ninfas. Ellas saben bien dónde no son molestadas.
Si miramos aguas arriba desde el puente, veremos que en la margen izquierda sale una presa que forma una gran recula o remanso. La última vez que fui a esta zona pude ver cómo varias truchas de gran tamaño se estaban cebando con una tranquilidad pasmosa. Comían todo tipo de moscas, ninfas y, a juzgar por las carreras que daban, algún que otro alevín. Evidentemente no es fácil llegar a ellas, por eso se ceban ahí y por eso tienen ese tamaño. Hay que salvar un trecho que cubre cerca de dos metros, pero enseguida se reduce mucho la profundidad. Ante el festín que estaba viendo, me quité el vadeador y pasé a la zona menos profunda, nadando como pude para no mojar caña y chaleco. El agua, como es de imaginar, congelada.
Lo que allí vi es difícil de describir. Varias truchas (algunas de las cuales superaban de largo los dos kilos) seguían mostrando una actividad asombrosa. Algunas eran arcoiris. Estas truchas se escaparon hace años de la piscifactoría de Castrillo y llevan mucho tiempo en el río en estado salvaje, por lo que no es nada fácil capturarlas. Alguno de los ejemplares me pareció que alcanzaba los cuatro kilos. Pese a la frenética actividad de los peces, me costó engañar un par de truchas. Una a ninfa, que enseguida me partió, y una arcoiris a estrímer, que conseguí sacar y que rondaría los dos kilos. Aun así, la frialdad del agua me hace no recomendárselo a nadie. Siguiendo aguas arriba, enseguida llegaremos a otro de los puntos calientes del coto: la tabla de Secos. Allí también es frecuente ver magníficas truchas cebándose en superficie, lo cual no quiere decir que sea fácil engañarlas.
Más arriba el río se divide en dos ganchos (abundantes en corrientes), ideales para aquellos a quienes les guste trabajar el río, pues son muchos los recodos y remansos que tienen para pescar. Justo donde se separan dichos ganchos está ubicada la tabla de Castrillo, una de las más famosas y productivas del coto. Es muy pescable por alto que venga el río y, subiendo por su margen derecha, podemos dominar prácticamente toda la tabla. Si se tiene la suerte de pescarla un día en que las truchas están activas, no hace falta moverse de ella para pasar una jornada inolvidable. Evidentemente, es de los puntos más pescados del coto, lo que se nota en el comportamiento de las truchas, que se vuelven excesivamente desconfiadas.
Llegamos así a la tabla del límite superior. Un gran pozo en cuya cabecera tenemos una profunda corriente que va pegada a una escollera en la margen izquierda. Justo frente a esta escollera, en la orilla opuesta, encontraremos algunas de las truchas más grandes del tramo, muchas veces cebándose sin que podamos hacer mucho por pescarlas, por el difícil acceso que tiene esa zona.
Mejor en verano
La mejor época del coto va desde mediados de junio a finales de julio. A partir de finales de mayo se producen las sueltas de agua para regar. Debido a ello y a la frialdad de las aguas, la actividad de las truchas no será excesiva y se concentrará en las horas medias del día. Por lo dicho, salvo que el caudal no sea excesivo, no merece la pena darse el madrugón. Una pena, porque lo he pescado muchas veces antes de estos desembalses y el amanecer era uno de los mejores momentos, no siendo difícil capturar buenos y abundantes ejemplares. Si al llegar al río no vemos signos de actividad, la mejor opción será pescar con ninfa en aquellos lugares que nos parezcan propicios para dicha modalidad. Insistir especialmente en las zonas de orilla abundantes en vegetación, a ser posible de aguas no excesivamente profundas. Imitaciones de cabeza dorada montadas con oreja de liebre nos darán buenos resultados. Personalmente, no me gusta pescar a ninfa, aun consciente de las posibilidades que pierdo de capturar más ejemplares. Ello no quiere decir que no la emplee en ciertas ocasiones, pero soy pescador de mosca en superficie y prefiero esperar pacientemente el momento en que las truchas se ceben. Por ello comienzo prospectando el río con grandes artificiales (tricópteros principalmente), pescando al agua e insistiendo en las raseras de los pozos, en los cabeceros de aguas movidas y en las orillas con vegetación no excesivamente profundas.
La poca o mucha actividad que muestren las truchas suele concentrarse en las horas centrales del día. Trataremos, pues, de aprovechar esos instantes todo lo que podamos. Una vez que cesa esta actividad siempre quedan truchas cebándose por distintos puntos, por lo que no quedará más remedio que trabajar el río e ir buscando estos ejemplares.
En agosto de la pasada temporada fue la última vez que pesqué el coto y entonces apenas se movieron las truchas. En torno a las tres y media de la tarde comenzaron a eclosionar algunas efémeras olivas y alguna que otra saltona. Las truchas se cebaron un breve espacio de tiempo y, empleando imitaciones de las moscas mencionadas, pudimos sacar varias truchas, algunas de ellas de buen tamaño.
Trucha trofeo
El Condado II tiene una reglamentación especial. Se puede considerar un coto sin muerte, pero con una salvedad. Excepto los jueves, en que se pesca sin muerte en todos los ríos de León, el resto de los días hábiles del coto hasta el 31 de agosto se puede capturar una trucha por pescador, siempre que supere los 45 cm.
Precisamente uno de los grandes atractivos del tramo es el tamaño de algunas de sus truchas. Aunque la media de los ejemplares ronda los 25-30 cm, no es raro pescar truchas superiores a los 45 cm. Si poco a poco se van capturando estos ejemplares, le estaremos arrebatando al coto parte de su atractivo. Pero si se quiere dar la oportunidad al pescador de llevarse un verdadero trofeo, se puede subir sustancialmente la talla hasta, por ejemplo, 55 o 60 cm.