Salmónidos
Última actualización 01/04/2007@00:00:00 GMT+1
Los días previos al inicio de la temporada son siempre jornadas llenas de ilusiones y nerviosismo en las que a veces prestamos más atención a la preparación de los señuelos o la caña, que a los pequeños detalles o al planteamiento de cómo afrontar ese día esperado. Saber que el estado de prendas como el chubasquero o el vadeador es el idóneo, o qué moscas usar con las truchas están aún perezosas, son cuestiones que no podemos olvidar.
Sin duda, la apertura tiene algo de mágico y especial. Es el día en que por fin podemos ir de nuevo a ese coto que tanto nos gusta e intentar engañar un año más a aquellas truchas que el año pasado dejamos por allí, o sorprendernos siempre con ese ejemplar que ni siquiera habíamos visto antes. A fin de cuentas se trata de volver a retomar nuestra actividad con total naturalidad, salir de nuevo por las tardes y fines de semana, empezar a ver cómo cada día se hace más largo que el anterior, cómo las truchas cada día que pasa se vuelven mas recelosas obligándonos a depurar cada vez más nuestra técnica. En fin, volver a lo que durante cinco meses tanto hemos añorado...
Aunque también hay que decir que este parón es hoy en día un poco relativo, pues cada vez son más los pescadores que durante la veda invernal siguen pescando. Es un momento excelente, por ejemplo, para pescar en lago o embalse, y así depurar y conocer otras técnicas de pesca. Y cómo no, tenemos los intensivos, lugares que en algunos lugares de España llegan a contar con ejemplares de trucha autóctona, además de la conocida arcoiris, y que en muchas ocasiones serán tan difíciles de engañar como las que encontremos en aguas de regulación tradicional.
Pero la apertura siempre será el día en que los ríos salmoneros del norte se llenen de pescadores desde la noche para intentar capturar ese codiciado salmón o, en el caso de los cotos tradicionales de truchas, verán llegar uno tras otro los coches a sus orillas y choperas para ir ocupando las mejores zonas para comenzar la jornada. Por ello no podremos dejar para última hora todas aquellas cosas que, por una parte, nos harán el día de pesca mucho mas agradable y, por otra, nos permitirán conseguir un mayor número de capturas. No profundizaremos aquí en todo aquello que debemos tener en cuenta para este primer día, pero sí en algunas cosas que si hace meses que no pescamos será mejor revisar antes de echarnos al agua.
Revisa el vadeador y cuida el chubasquero
En primer lugar miraremos el estado de nuestro vadeador. Menuda gracia llegar al río y comprobar la temperatura del agua dentro de nuestro vadeador. Igual de importante será comprobar que nuestro chubasquero no tiene ningún desgarro importante de la temporada anterior. Incluso será un buen momento para hacernos con uno si no tenemos aún. Recordad que de nada nos sirve un chubasquero que nos proteja de la lluvia y nos empape por dentro de sudor, ya que pescando uno se mueve (y dependiendo de la modalidad puede llegar a moverse mucho) y esto, unido a la gran humedad que nos rodea siempre, hará que un chubasquero que no transpire se vuelva en nuestra contra con el transcurso del día.
Son muchas las horas que pasamos en el río al año y cuanto mejor nos equipemos más disfrutaremos de las mismas. Una buena equipación de pesca, en lo que a ropa se refiere, no alcanzará a una caña de gama alta y, sin duda, nos dará tantos buenos ratos como la misma. En lo que a ropa técnica se refiere, nos basta con un pantalón térmico y forro polar, algo que seguramente tendremos en casa.
Accesorios a punto
En cuanto al equipo, tanto la caña como el carrete tienen poco de preparación para afrontar esa primera jornada. Si acaso, el carrete, pero si todo lo hicimos correctamente estará engrasado desde el último día de la temporada pasada, pues siempre es mejor guardarlo engrasado cuando vaya a estar un tiempo en casa inactivo.
En cuestión de accesorios, no olvidaremos en casa el desanzuelador, el cortahilos y el secamoscas si utilizamos plumas de pato. Tampoco deben faltar nuestras gafas polarizadas, y toda nuestra documentación en vigor y original, no fotocopiada.
Sobre los hilos, es importante recordar que tienen caducidad y puede ser éste el motivo por el cual una bobina en concreto se rompa con una facilidad asombrosa con relación a su resistencia habitual. Por ello, cada vez más las líneas traen marcada la fecha de bobinado y hasta cuándo la casa se compromete a ofrecer la resistencia máxima del terminal, por lo que será fácil saber si el hilo está en plenas condiciones o no.
Otro elemento del equipo a cuidar son las cajas de moscas, que seguro que en este principio de temporada pesarán más que en ningún otro momento. Será ahora la mejor ocasión para llevarnos con nosotros las cajas con las artificiales más pesadas que tengamos, ya que el principio de temporada suele ir acompañado siempre de bastante caudal en los ríos, escasa actividad superficial de las truchas y temperaturas bastante frías en el río. Así, sumando todos estos factores, llegaremos a la conclusión de que los señuelos ganadores de estos primeros lances de la temporada serán las ninfas y larvas artificiales que, con mayor o menor peso, nos permitirán aproximar el engaño lo máximo posible al radio de caza de las truchas.
No vamos a hacer aquí una selección de moscas y montajes para un comienzo ideal de la temporada, pero baste decir que cualquier artificial con un montaje aceptable y presentada correctamente será tomada sin mucho reparo.
No quiero con esto decir que las truchas hayan perdido la selectividad natural que las caracteriza, pero hay que tener en cuenta que las gélidas aguas, la recién terminada freza y la escasa actividad de insectos acuáticos nos hará comprender mejor por qué una trucha que vea pasar un buen montaje (que siempre intentaremos aproximar lo máximo posible a lo que el cauce nos diga) lo tomará sin ningún reparo.
Tácticas con ninfa
Sí que habremos de tener en cuenta, como factor muy determinante, el tiempo que hará en nuestra jornada de pesca. Sobra decir cómo son la mayoría de los días de apertura viendo el mes en que se producen: con una temperatura ambiente muy fría de noche, subiendo algo durante el día, lo que enfriará notablemente el agua y aplacará la conducta de las truchas. Siempre que el viento no nos dé mucho la lata podremos pescar durante un buen número de horas al día, eso sí, bastante abrigados.
Las mañanas serán, tal vez, las horas más frías del día, encontrándonos además gran parte de las orillas del río totalmente heladas, lo que hará que la entrada del día sea cada vez más agradable y productiva, animando, por decirlo de algún modo, el comportamiento de los peces. Conforme el día avance irá aumentando la actividad de las truchas e irán tomando posiciones no tan profundas y, cada vez más, irán moviéndose de una zona a otra adaptándose a la deriva del alimento, que será cada vez mayor hacia las horas centrales de la jornada.
Con algo de suerte, y aquí influirá mucho la zona geográfica por la que nos movamos, puede que al mediodía tenga lugar alguna tímida eclosión de insectos que, de producirse, provocará que las truchas lleguen a posicionarse en superficie para alcanzarlos, momento que podemos aprovechar para capturar alguna que otra trucha a seca e ir matando algo el gusanillo arrastrado durante meses.
Esta debilidad de las truchas en estos primeros días será el motivo por el que se posicionen en las zonas con menos tiro del río, adentrándose en las partes con fuerte corriente en momentos muy puntuales y coincidiendo, tal vez, con derivas más abundantes de alimento. Pero en la mayoría de las horas del día se posicionarán en zonas calmadas. Así, las típicas graveras tras las corrientes fuertes, playas y lugares con poco tiro, serán los elegidos en esta época. Es fundamental tenerlo en cuenta, pues si vamos a un río donde terminamos la temporada pasada, en el que hicimos nuestras últimas capturas en las zonas con más tiro del rió y con mayor contenido de oxígeno, veremos cómo en este principio de temporada si pescamos buscando las truchas en los mismos lugares, sólo iremos avanzando por el río asustando una trucha tras otra. Entraríamos en las graveras y playazos con intención de pescar las corrientes y zonas que, con la temporada más avanzada, nos darían más truchas y ahora sólo asustaríamos a las truchas. Éstas, atentas, estarían en esas zonas mucho más tranquilas, donde también les llega alimento pero el desgaste de energía para mantenerse es su sitio y atraparlo es mucho menor. Son estas playas o zonas con poca profundidad y tiro lento, (especialmente técnicas y difíciles de pescar) donde el