Salmónidos
Truchas en la postura más anhelada
Última actualización 01/01/2007@00:00:00 GMT+1
Si hay una escena que siempre imagino cuando no estoy pescando, es la imagen de una gran tabla con corriente suave, velocidad lenta y pausada, en la que las truchas se ceban con total tranquilidad y selectividad sobre los insectos. Mientras, éstos son irremediablemente arrastrados hacia el radio de caza de las astutas truchas que, a cámara lenta y con tiempo para revisar perfectamente cada insecto, las irán tomando, una tras otra, hasta saciar su apetito.Son las aguas lentas o de baja montaña.
Esto, que parece sacado de cualquier cuento de pesca, es algo que todos los días se produce en cientos de cotos de nuestro país. Sólo hay que tener suerte, o mejor dicho, previsión, para saber cuándo se producirá tan ansiado momento por la mayoría de los pescadores. Es en esos momentos, cuando libres de todo recelo y desconfianza, las truchas de mejor porte ocuparán los mejores comederos del río. Aquellos donde, una tras otra, mosca tras mosca, se aproximen lo máximo para desplazarse lo mínimo en su caza. Pero, ¿mientras qué?, ¿qué hacemos mientras llega este momento? Porque no vamos a ir al río sólo cuando las truchas se ceben...
Aquellos que amamos la pesca, sin duda añoramos esos momentos que se suelen dar al final del día en las últimas jornadas de la temporada. Pero hay que tener en cuenta que cuando las truchas se ceban así en superficie es debido a un proceso acuático que no vemos y que se engendra a lo largo de todo el día. Y es que desde primera hora todas las larvas/ninfas estarán preparándose para ir emergiendo en su momento preciso, desprendiéndose de las rocas, saliendo de las graveras y siendo sometidas al antojo de las corrientes que, en la mayoría de los casos, las dejarán totalmente vulnerables al ataque de las truchas que, atentas y conocedoras de estos momentos, estarán viendo todo aquello que la corriente arrastre bajo la superficie.
Pero no todo va a ser actividad. También se producen momentos de descanso en los que las truchas tomarán posiciones aún mas bajas, lejos de los ojos de posibles depredadores. Buscarán zonas muy lentas, en las que la corriente misma del río las mantenga en posición estable y con posibilidad de atrapar cualquier alimento que pueda pasarles cerca sin necesidad de movimiento alguno. Será éste el mejor momento para que comamos algo o echemos una pequeña siesta y, como ellas, carguemos las pilas.
La clave, sin duda, será, plantarse en el río con una buena dosis de fe para hacer salir poco a poco a las truchas que, si tenemos paciencia, irán incrementando sus viajes a nuestra sacadora conforme pasen las horas, mejoremos nuestra técnica y nos adaptemos al escenario de pesca en cuestión.
Atento a otras especies
En primer lugar y como siempre, planificaremos la jornada preparando lo habitual si se trata de un lugar conocido. Pero si es un lugar al que no estemos acostumbrados a ir, tendremos en cuenta los accesos, comida... y por qué no, un buen chivatazo de la zona a pescar siempre nos vendrá de perlas. Y es que hoy en día con la biblioteca que ofrecen las revistas de pesca y la posibilidad de obtener información del lugar en Internet, lo tendremos mas fácil aún. Aun así, para aquéllos que no quieran mirar por la Red, siempre está la certera e inestimable orientación que en todos los casos que yo conozco ofrecen los guardas de los cotos siempre que se les pregunta.
Hay algo en cuanto a las capturas que será bueno recordar siempre que pesquemos en aguas más bien paradas o lentas: suelen situarse, salvo excepciones, en las zonas más bajas de las denominadas trucheras. Esto hará inevitable que nuestro abanico de posibles especies a capturar sea mayor que en zonas exclusivas de cabeceras, donde difícilmente habiten otras especies diferentes a los salmónidos. Por contra, en estas aguas de baja montaña encontraremos barbos de distintas familias, lucios e incluso black bass. Teniendo en cuenta los tamaños que llegan a alcanzar algunas de estas familias, no es díficil hacernos una idea del rato que podría hacernos pasar, por ejemplo, un barbo de un par de kilos que felizmente esté “mosqueando” en la superficie y al que lancemos pensando que se trata de una trucha... En este aspecto, y sin entrar mucho en detalle, la pesca de este magnífico pez, que tan abundante es en nuestra tierra, es algo digno de probar y tener la suerte de disfrutar y sentir toda la fuerza de este animal.
Podremos, para pescarle, dedicarle esas horas en las que nada ocurre en el río y las chicharras cantan alrededor, para, tranquilamente, mirando por la orilla (lugar donde gustan de pasar la mayoría de las siestas, con muy poca profundidad, casi con el cuerpo fuera) ir lanzándoles casi cualquier cosa que tengamos en la caja con tal de que lo vean caer o pasar cerca de ellos. Todo ello sin asustarles para, a continuación y con todo el temple del mundo, clavar y dar comienzo así a una pelea que seguro será difícil de olvidar.
Equipo
Volviendo a la trucha, el equipo sin duda lo determinará el río al que nos dirijamos. La caña para este tipo de aguas y pesca estará orientada a lanzar lejos y con relativa precisión, y a dominar grandes capturas. Si bien es cierto que momentos de máxima actividad podremos aproximarnos más a las posturas de las truchas, lo normal serán distancias que -siempre determinadas por el río- rondarán entre los 15 y los 23 m, con algunos lances puntuales más largos y otros más cortos. Acciones, por tanto, de media punta y punta nos serán útiles, siendo de gran ayuda cañas con reserva de potencia extra para aquellos lances verdaderamente lejanos.
En cuanto a la longitud, mejor de 9 pies en adelante, siendo las de 9 y 10 pies las favoritas para este tipo de aguas, pues tendremos siempre en cuenta la cantidad de lances a realizar y el peso de la caña, que será un enemigo conforme pasen las horas y hagan mella los lances realizados. La línea, que siempre vendrá determinada por el caudal del río, podrá ser elegida entre las numeradas del 4-6, siendo perfectas la 4, dejando las 5 y 6 para ríos verdaderamente grandes y lances muy largos.
Diría además, siendo un amante de las líneas de seda como soy, que éstas resultan perfectas para estas aguas. Yo las veo ideales en cualquier lugar, pero objetivamente y tras probar gran cantidad de líneas sintéticas en los dos últimos años, y a pesar de seguir usando un día tras otro las de seda, he de decir que hoy por hoy son técnica y tecnológicamente muchísimo mas avanzadas, fáciles de lanzar y más precisas que cualquier línea de seda del mercado. Se han minimizado al máximo sus desventajas, posada y deriva, las cuales en los últimos años han mejorado tanto que es un verdadero placer usarlas a diario en casi cualquier escenario.
El carrete aquí sí cobra importancia y deja de ser un mero contenedor de línea, pues a la hora de cansar una buena pieza entrará en juego la calidad del freno que tengamos. Éste protegerá siempre hasta el más fino de nuestros bajos sin dar tregua al pez que, una vez tras otra, en carreras que en estas aguas serán verdaderamente largas, irá cediendo poco a poco hasta llegar a nuestras manos. Tras esto, es fácil imaginar que una buena cantidad de backing no nos hará pecar de precavidos, máxime teniendo en cuenta también que las cantidades de línea a recoger serán grandes en cada lance. Por ello, el uso de carretes automáticos o los ligeros carretes de bobina de gran diámetro serán un buen aliado.
Conviene finalizar con la sacadora, hoy en día más que nunca, ya que la concienciación a la que hemos llegado los pescadores hace que en todos (o la mayoría de los casos) devolvamos las capturas de nuevo al agua. Y es aquí donde la sacadora es fundamental. Muchos pescadores piensan que capturar los peces con la mano para desanzuelarlos es mejor para éstos, pero todo lo contrario. Conseguiremos con ello, en primer lugar, alargar la pelea más tiempo que con el uso de la sacadora, lo que agotará más al animal y le dejará en peor condición física a la hora de soltarle. En segundo lugar, para atraparle tendremos que cogerle con fuerza, pues, inevitablemente se escurrirá entre nuestra mano. Además, con dicha presión eliminaremos de la piel de la trucha gran parte del mucus que la protege de todos los agentes externos que pudieran perjudicarle.
Seguramente hay más agresiones a las que sometemos a las truchas al cogerlas con la mano, pero seguro que con éstas tenemos motivos más que suficientes para, poco a poco, dejar de hacerlo y sustituirlo por una sacadora de malla no abrasiva que podremos conseguir en cualquier tienda de pesca por poco dinero.
Elección del bajo
Antes de pasar a hablar de la técnica en concreto, hay que decir que para la pesca a ninfa en estas aguas podremos construir dos tipos de bajo. Uno será más corto que el bajo de seca para usar con cañas de 9 a 11 pies, pudiéndolo realizar sobre la base de un bajo cónico -en este caso más corto- que acabe en un 4X al que añadiremos una sección de terminal de unos 70 cm que conectaremos con el bajo. De este modo nos dejará un ramalito para poder anudar una ninfa más ligera arriba y una más pesada abajo, con la que iremos barriendo de modo oblicuo río arriba y mostrando especial interés con este montaje en aquellas zonas en las que el agua se rice un poco más y gane velocidad.
Para pescar las zonas más paradas montaremos un bajo que será idéntico al de seca, para pescar con una sola ninfita. Con un bajo tan largo y fino profundizará sin problemas a pesar de no ser muy pesada. En este caso sólo tendremos que tener en cuenta que tenemos que detectar la picada de algún modo, lo que podremos hacer de varias maneras:
• siguiendo los nudos del terminal en la superficie del agua, para lo que podremos engrasar alguna sección del terminal en su parte superior
• tener, como punto de referencia, la conexión entre línea y bajo, donde también podremos aplicar un poco de grasa o flotabilizador.
• y por último utilizar un dropper o tándem, poniendo una segunda mosca seca en una pequeña hijuela de hilo a la distancia que estimemos conveniente.
Ni que decir tiene que usar un indicador de picada de los que podemos comprar en cualquier tienda de pesca, realizados con polipropileno, foam o cualquier otro material sintético, será el modo más fácil y rápido. Sin embargo, el hecho de pensar siempre en la competición me hace siempre descartar de antemano aquello que no está permitido en ésta y que, sin embargo, en muchos casos es lo más sencillo y fructífero. De ahí su prohibición en concursos.
Leer el río
Algo que suele ocurrir en este tipo de aguas a lo largo del día es la inactividad visible en superficie. Sin embargo, unas nociones mínimas nos darán la posibilidad de pescar a ninfa mientras que la actividad se hace visible. Si cuando lleguemos al agua vemos que está totalmente parada, lo mejor será montar una pequeña ninfita con el bajo descrito anteriormente. En un tamaño de anzuelo del 20 o 22 estará bien para pescar al agua moviendo más de una trucha que con total tranquilidad tomará nuestro señuelo.
En la mayoría de las capturas que hagamos tendremos tiempo más que suficiente para notar la picada y clavar, pues normalmente con estas ninfas tan pequeñas, y con la poca resistencia que ofrecen estos bajos tan largos y finos las truchas nos darán un tiempo extra antes de desechar totalmente nuestra imitación.
Para las aguas más movidas, si seguimos a ninfa, podremos cambiar el aparejo al que hacíamos mención y pescar más cerca con dos ninfas, al tiento, manteniendo una leve tensión para notar cualquier anomalía en el otro extremo de la línea. Aquí las picadas serán mucho más rápidas, pues la misma tensión que necesitamos para detectarlas hará que la trucha detecte algo anormal en cuando capture la imitación, que enseguida será escupida.
Así, iremos observando cómo se comporta el tramo y sus peces, para ir adaptando nuestra táctica a lo que veamos. Tendremos siempre en cuenta que en zonas amplias de río las truchas, por naturaleza, intentarán protegerse cuando puedan entre la vegetación subacuática o cerca de las orillas si ofrecen cobertura vegetal. Éstas son zonas especialmente fructíferas tanto a seca como a ninfa, pues aquí las truchas además de protegerse estarán pendientes siempre de algo que pueda caer de la vegetación que cubra la orilla, no dudando ni un segundo en tomar casi cualquier cosa que pueda parecer un insecto en peligro. Serán, por tanto, cuando el río esté tranquilo, zonas donde podremos dedicar parte de nuestro tiempo.
Cuando el río empiece a cobrar actividad en superficie (que tarde o temprano lo hará) cambiaremos de nuevo nuestro bajo para poner uno de seca e intentaremos adelantarnos a las cebadas tanto en tiempo como en distancia. Normalmente, en estas aguas las truchas cuando comen en superficie no suelen gastar mucha energía en desplazamientos para cazar, mientras que en algunos casos se descolgarán un poco a la vez que observan algunos insectos antes de comerlos, como si dudaran en algunas ocasiones si deben o no tomarlos. Por eso, cuando posemos nuestra mosca, intentaremos hacerlo en la línea en la que se encuentre la trucha comiendo, para que la corriente le pase nuestra imitación lo más cerca posible, posando siempre entre 70 y 100 cm por encima de la posición donde la veamos cebarse. Tendremos en cuenta que cuando las moscas empiecen a salir a la superficie del río puede que rayen el agua alguna que otra vez, intentando así bombear sangre a sus alas para secarlas y poder volar, algo que incitará a las truchas a capturarlas y que a nosotros, si las imitamos, nos podrá dar alguna que otra captura extra.
En términos generales, cuando las truchas comiencen a comer en superficie, lo harán a fases emergentes que, hasta bien entrada la eclosión, serán más efectivas que las imitaciones de insecto adulto.
Picadas más francas
En cuanto a las imitaciones y la manera de tomarlas por los peces, tendremos siempre la máxima habitual: al ir el agua lenta podremos perfectamente capturar cualquier insecto natural para ver el tamaño, silueta y color que mejor se adapten a lo que la naturaleza les ofrece. Y si se producen rechazos, haremos lo mismo de siempre y cambiaremos primero el tamaño, para probar con otro color si no funcionara lo primero.
En esta época y aguas, lo normal será que el final del día coincida con este ansiado despertar de las aguas y sus pobladores, lo que hará que tengamos en mente la elección de una zona amplia, tranquila y con buena salida, para dejar llegar el sereno y empezar a pensar en conseguir una buena captura de verdad.
La proximidad de la noche hará que los ejemplares de mayor tamaño y recelo adopten posiciones de caza impensables durante el día, tomando una tras otra todas las moscas que el río arrastre cerca de ellas y no dudando en tomar la nuestra si la posada ha sido correcta, lo que dará lugar al comienzo de un rato único. Si tenemos la suerte de que se trate de un pez verdaderamente grande y no queremos perderlo, sólo tendremos en cuenta, en primer lugar, el terminal al que llevemos anudada la mosca y cuya resistencia habremos calibrado al gramo con el freno de nuestro carrete, forzando todo lo que podamos a que la trucha no se dirija a zonas cubiertas con maleza, y descolgándonos con ella río abajo si fuera necesario. Y manteniendo, en todo momento, la pieza dentro del agua, sin forzarla a revolcarse fuera de la misma, lo que de seguro daría al traste con todo en el segundo revolcón. Ésta, que es una actitud común de defensa de estos grandes peces, podremos evitarla manteniendo nuestra caña lo más próxima al agua que podamos, paralela, por así decirlo, para levantarla siempre en el último momento, si es posible, cuando la pieza esté un poco por encima nuestra para que la misma corriente y el cansancio del pez hagan que se introduzca sola en nuestra sacadora.
Será entonces cuando necesitaremos de esos dos aliados que hasta ahora no habíamos mencionado, y que sin duda hacen que la pesca sea mejor y más fácil de recordar. Por un lado, nuestra cámara de fotos, para inmortalizar el momento y poder presumir de captura sin necesidad de matarla. Por el otro, nuestro compañero de pesca, quien además de hacernos disfrutar también con sus capturas, amablemente (pero con algo de envidia), fotografiará la capturita muy a su pesar...
Para concluir, puede decirse que estas son aguas lentas y difíciles que, una vez se da con la técnica adecuada, se convertirán probablemente en nuestras zonas favoritas para pescar, tanto por su dificultad como por el tamaño de las capturas.