Ciprínidos
Última actualización 01/03/2007@00:00:00 GMT+1
A la hora de comprar boilies, la mayoría de las veces buscamos aquéllos que para nosotros tienen un olor más intenso o fuerte. Cuando abrimos una bolsa nos gusta que su aroma sea penetrante, que llene por completo la estancia en la que nos encontramos, con la creencia de que bajo el agua sucederá lo mismo. Por ello, a menudo desechamos boilies con un olor menos potente, más sutil, con un aroma más natural y de menor intensidad. En definitiva, un boilie que al olerlo pensamos que no atraerá lo suficiente porque, para nuestro olfato, no llama la atención como otro de olor más poderoso. Es muy probable que si la carpa viviera en nuestro mismo hábitat pensase igual que nosotros y se decantase por el boilie de mayor olor. Pero ni el olfato de la carpa es el mismo que el nuestro, ni su medio natural (el agua) es tampoco el nuestro, por lo que estamos cometiendo un grave error.
Partiendo de la base de que el olfato de la carpa y el hábitat en el que vive son diferentes a los nuestros, vamos a intentar explicar brevemente cómo funciona este sentido en la carpa, para de este modo intentar comprender un poco mejor cómo podemos utilizar esta información a la hora de atraerlas. Para empezar, debemos hacerlo definiendo el concepto de “Quimiorrecepción”, del cual podemos decir que es la capacidad de detectar y diferenciar ciertas sustancias químicas existentes en el medio circundante. En el caso que nos ocupa, este medio no es otro que el agua.
Hablaremos aquí de la ciencia, del pH, del agua y del olfato de la carpa, basándonos en datos y conclusiones puramente científicas, y los confrontaremos con nuestra propia experiencia.
Los primeros pasos de la ciencia
En los años 70, Fred Wilton creía que una carpa podría determinar de alguna manera (quizás, por puro instinto) el valor alimenticio de un cebo o ser condicionada para comer uno u otro debido a esta característica. Por supuesto, Fred estaba en lo cierto, pero también estaba anticipándose a su tiempo.
Entonces, además del concepto revolucionario de Wilton, vino la revelación de que la carpa era atraída por una gama de sustancias: los aminoácidos. Éstos causaron furor en los estudios científicos de los años 70, cuyos experimentos con peces se realizaban para determinar el estímulo de alimentación que les provocaban algunos tipos de ellos.
El trabajo sobre el tema se desarrolló fundamentalmente a través de dos vías de investigación. La primera llevada a cabo desde el instituto de Lowestoft y la segunda desde un grupo de profesores de ultramar, dirigido por el gran investigador japonés Toshiaka J. Hara, afincado en Canadá. El cebo de gran éxito en los 70 conocido como The Black Magic, de Rod Hutchinson, fue diseñado en base al trabajo del instituto de Lowestoft. Por su parte, Rod Hutchinson escribió sobre los aminoácidos en su primer libro, Rod Hutchinson´s Carp Book.
Brevemente, podemos decir que hay dos grupos de aminoácidos. En ambos casos estaremos hablando de productos químicos sólidos, generalmente en forma cristalina o en polvo, pero que podemos distinguir por las propiedades de sus moléculas en disoluciones acuosas. Es decir, que mientras unos aminoácidos tienen la propiedad de disolverse en el agua, otros carecen de ella. A los primeros los denominaremos hidrofílicos, mientras que a los que no se disuelven en el agua los llamaremos hidrofóbicos.
Los resultados experimentales indicaban que la carpa era estimulada en el medio acuático por algunos aminoácidos. Basándonos en nuestro vago concepto de la atracción subacuática, nosotros pensaríamos que el más estimulante sería el tipo hidrofílico (el que se disuelve). Sin embargo, no es así. El más estimulante resultó ser el grupo hidrofóbico (el que no se disuelve) ¿Cómo podría ser que algo que no se disuelve atraiga? Y más aún, ¿había una conexión entre los aminoácidos -las piezas de las proteínas- que estimulaban a la carpa, y el instinto que ésta tenía para evaluar la calidad alimenticia de un cebo con proteínas? En los años 70 encontrar en la biblioteca libros que tratasen sobre este tema era casi tarea imposible, ya que las publicaciones eran prácticamente inexistentes. Fred Wilton estaba solo frente al mundo de la carpa. Es más, estaba solo con su teoría frente al mundo entero.