Hemeroteca :: 01/02/2012
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Última actualización 20/01/2012@13:00:09 GMT+1
Durante años este coto ha supuesto para los madrileños algo así como un icono, el emblema de sus ríos de montaña. sin embargo, son muchos los que aun sabiendo de su existencia no se han atrevido a visitarlo. te invitamos pues a conocer algo poco más de esta joya de la sierra de Guadarrama.

Texto y fotos: José Antonio Castellanos

Quizás algo intrínseco a todos los pescadores es tener algo parecido al síndrome de la otra orilla. Pensamos que en la zona a la que no llegamos, en el lugar al que no podemos acceder, aguardan los mejores peces y el mayor número de capturas.

Algo similar ocurre cuando vamos a pescar a sitios que distan cientos y cientos de kilómetros de nuestro lugar de partida y que cuando no es por riada, por inactividad de los peces o por la luna de la noche anterior (todo nos sirve a la hora de intentar justificar una desilusionante jornada de pesca) las capturas no igualan a las expectativas creadas. Esto no quiere decir que todavía no se hagan grandes pescatas, pero con muchas regiones en horas bajas, a veces, si mirásemos el ratio entre kilómetros realizados y peces capturados este sería para echarse a llorar. Aunque bien es cierto que muchos somos los pescadores a los que nos gusta desplazarnos para pescar y no nos importa hacer kilómetros, quizás por el afán de probar nuevos sitios y conocer nuevos lugares y parajes de pesca.

Por ello a veces vale la pena el redescubrir ciertos sitios, que aún teniendo relativamente cerca de casa, los hemos dejado un poco de lado con el paso de los años. Este es un coto ideal cuando, teniendo por origen el centro peninsular, no quieres hacer una panzada de kilómetros y prefieres pescar tranquilamente un coto de la sierra madrileña, lo cual no quiere decir que no valga la pena el acercarse a sus cristalinas aguas desde otros puntos de España.

LA ZONA. El coto toma su nombre del arroyo Angostura, que es la masa de agua que lo forma y a su vez es la denominación previa a la de río Lozoya; para los que puedan hacer una similitud con otra zona conocida es algo muy similar a lo que ocurre con el Ucero y el río Lobos. No olvidemos que el Lozoya a través de sus embalses es el principal abastecedor de agua potable a la Comunidad de Madrid y que sus aguas tienen fama de ser las de mejor calidad para el consumo humano.

El límite superior del coto está en la confluencia de los arroyos Guarramillas y Peñalara, y el inferior a la altura de la estación de aforos situada unos 300 m por encima del embalse del Pradillo, con una longitud aproximada de 4,9 km.

Uno de los arroyos que los forman, el Peñalara, proviene de la famosa laguna del mismo nombre situada a la vera del famoso pico, y el segundo proviene del alto de Guarramillas. Por lo tanto se trata de un río de aguas bastante frías, pero al abrirse la temporada a primeros de mayo no tendremos demasiados problemas para pescar, salvo con condiciones extremas, prácticamente durante todo el periodo hábil, únicamente habrá que adaptarse a las circunstancias que nos encontremos al llegar al río.

La zona tiene distintos grados de protección. Por una parte se encuentra dentro de la zona Periférica de Protección del Parque Natural de Peñalara declarado en 1990 por Ley de la Comunidad de Madrid, estando protegido con la misma normativa que el propio parque. Por otro lado se encuentra dentro del LIC Cuenca del Río Lozoya Sierra Norte, que a su vez incluye el anterior parque.

Y por último también se encuentra dentro de la ZEPA (zona de especial protección de aves) del Alto Lozoya. Todo ello se englobaría dentro del futuro parque nacional de la Sierra de Guadarrama.

Como especies importantes, existen buitre negro (Aegypius monachus), cigüeña negra o nutria, así como una buena población de corzos.

Muy cerca del coto, tomando la carretera con dirección a Rascafría, se encuentra el Monasterio del Paular, todavía habitado por monjes Jerónimos y visitable por el público.

CÓMO LLEGAR. El coto se encuentra situado a unos 95 km del centro de Madrid, teniendo sus dos principales accesos por la carretera M-604. En el primero de ellos y más cómodo accederemos desde la autovía de Burgos A-1 para desviarnos en el km-69. Por esta misma carretera pasaremos por Lozoya y Rascafría y una vez rebasado el Monasterio de El Paular, y después de pasar el área recreativa Las presillas, llegamos a otro área recreativa llamada La Isla (km 32 de la M-604) con un bar donde podemos dejar el coche. Desde aquí iremos río arriba para una vez llegados a la estación de aforos(el límite inferior) y tras pasar una pequeña presa, acceder al río. Otro lugar donde se puede aparcar el coche es en los sobreanchos de la carretera una vez pasada este última área recreativa, pero luego tendremos que llegar al río descendiendo una fuerte pendiente hasta llegar a él. Hay que tener la precaución de no hacerlo en unas puertas en las que está prohibido expresamente el estacionamiento bajo posible multa.

El otro acceso se realiza por la parte superior del coto. Desde la A-6 hay que desviarse dirección Segovia hasta coronar el puerto de Navacerrada, y una vez allí hay que tomar la carretera M-604 dirección puerto de Cotos y bajar desde este hasta el coto.

EL COTO. El río discurre por el valle de El Paular, que a su vez forma parte del valle del Alto Lozoya. Está formado por la típica sucesión de pequeñas pozas seguidas de corrientes y una pequeña tabla, alternando algún que otro pozo de mayor tamaño. No se trata de un río de gran tamaño, más bien todo lo contrario, se podría decir que prácticamente se puede pescar desde una orilla todo él. Todo el coto está rodeado de pinares de pino silvestre (Pinus sylvestris), algún que otro acebo (Ilex aquifolium) y rebollo y diverso sotobosque.

El aprovechamiento del coto ha variado a lo largo de los años. En su origen era de régimen tradicional, posteriormente ya por los años 90 fue vedado y unos años después fue sin muerte desde la presa del Pradillo, actualmente vedada. No hace muchos años se volvió a permitir la extracción de ejemplares en esta parte inferior para, no hace demasiado, vedar desde la citada presa hasta la estación de aforos y volverlo a hacer totalmente sin muerte.

El pequeño tamaño del río, junto a la frialdad y acidez de sus aguas, producen que, aunque tenga una abundante población truchera, esta sea de discreto tamaño, pero que más que suficiente para pasar una entretenida jornada de pesca. Aunque no pondría en la mano en el fuego por ello, existen estudios en los que tras el análisis genéticos de truchas concluyeron que no existía introgresión genética de ejemplares procedentes del resto de Europa.

En lo que respecta a la zonificación del coto y comenzando por la parte inferior del mismo, según vamos remontándolo se vuelve cada vez más agreste y complicado de andar y de lanzar; además las pozas y las corrientes cada vez son de menores dimensiones. Por ello la zona que marca la parte inferior del coto, empezando justamente desde la estación de aforos que ejerce de límite, es el tramo que mayor densidad de ejemplares posee y con un tamaño también mayor. Es más, en verano puede verse alguna trucha bastante crecida que ha decidido remontar río arriba desde el pequeño embalse buscando aguas más frescas. Bien es cierto que esta es la zona del río que solemos pescar todos los que acudimos a ejercer nuestra maravillosa afición.

Como en otros muchos ríos, las truchas estarán situadas en distintos lugares a lo largo del año, pero siempre cerca de un sitio donde pueden refugiarse en el caso de peligro o cuando las aguas bajen torrencialmente.

En condiciones normales de agua, la mayoría de las truchas se encontrarán colocadas al final de las corrientes que entran en los pequeños pozos. No es frecuente que estén en las grandes corrientes, y si fuera necesario sí habría que buscarlas en los blandones y remolinos que estas forman junto a la orilla.

Cuando el nivel de agua es elevado, habrá que buscar las truchas que estarán en los blandones situados junto a las corrientes antes citadas.

Por otro lado hay que señalar que en ocasiones el número de excursionistas es elevado, pero normalmente no suelen interferir demasiado en la pesca; suele tratarse de senderistas o algún dominguero despistado que descaradamente se pone a observar a todo pescador que encuentra.

TÉCNICAS. Angostura no es un coto en el que te esperen peces de tamaños desorbitados, son de longitud modesta aunque relativamente abundantes por zonas. Eso es lo que podemos encontrar en esta pequeña joya madrileña. Tampoco se trata de truchas selectivas, más bien todo lo contrario, de picada rápida y certera, pero aún así hay unas recomendaciones a seguir en su pesca.

Empezando por la pesca con ninfa, existen dos técnicas entremezcladas que se pueden emplear con éxito. La primera de ellas y la más recomendable cuando el río lleva un caudal medio o bajo consiste en pescar río arriba lanzando la ninfa cual mosca seca se tratara buscando los lugares donde puedan estar los peces. Los lances no serán excesivamente largos, pero es recomendable utilizar alguno de los múltiples tipos de señalizadores de picada o bien emplear un tándem de seca y ninfa. Suele ser recomendable ir recogiendo la línea a la velocidad de la corriente para elevar la tensión de la línea y clavar lo más rápido posible, ya que si hay algo que caracteriza a estas truchas de montaña es la velocidad con la que toman los engaños. En este caso hay que tener en cuenta que la profundidad a la que trabaja la ninfa suele ser la mitad de la longitud entre esta y el indicador o la mosca seca.

Cuando el nivel del agua es mayor, y por tanto el nivel de alerta de las truchas disminuye, la aproximación puede ser mucho mayor. Por ello y debido al pequeño tamaño del río, podemos intentar su pesca con un aparejo similar al de polaca pero algo más ligero. Para ello emplearemos una ninfa plomada o un tándem de ninfa plomada y ninfa ligera y buscaremos las truchas al abrigo de las corrientes fuera de las zonas de corriente o donde la fuerza de esta disminuya considerablemente.

La pesca a mosca seca la realizaremos de forma tradicional río arriba. No hay que hacer lances excesivamente largos pero sí hay que estar muy atento a la deriva de la mosca ya que la picada de estas truchas es de forma vertical y muy rápida, por lo que es necesario llevar la línea todo lo tensa que sea posible para facilitar de este modo el clavado.

EQUIPOS Y MOSCAS. Para la pesca a ninfa es recomendable utilizar una caña de 9,5 o 10 pies de línea 5 no siendo necesaria una mayor longitud por el tamaño del río. Cuando pesquemos aguas arriba las reinas serán las ya tradicionales ninfas de cabeza dorada y ninfas de tricópteros y efémeras de tamaños entre el número 14 y el 18. En cambio, cuando pesquemos sin indicador es mejor realizarlo con ninfas más lastradas, que profundicen antes y que puedan llegar cerca de las truchas mucho antes, en este caso pequeñas cabezas de tungsteno pueden ayudar a profundizar rápidamente.

En cambio, para pescar a seca es más recomendable utilizar cañas de hasta 9 pies y líneas menores del 5 para facilitar el lanzado y la presentación, que generalmente se hará mediante derivas relativamente cortas por el dragado de la línea. Dado que se pesca a partir de mayo, y con la cantidad de corrientes que hay, es muy aconsejable utilizar tricópteros del 14 al 18, también alguna efémera como ignitas o similares.
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